En un siglo que parece exigir que vivamos sin memoria y donde nuestra historia oficial oculta más que enseña; los peruanos tenemos que buscar otros caminos para conocer nuestro país y el arte suele ser el más socorrido y agradecido: La música popular, la nueva literatura andina, la reinvención continua de la artesanía, nuestra invencible cocina (¿no ha conquistado ya el estatuto de arte ?). Y ahora toca el turno a las artes plásticas.
INKARRI, vestigio barroco es el título de la soberbia Muestra inaugurada en el limeño Centro Cultural de España, escenario paradójico para el título de la exhibición. Paradoja ociosa, porque el Centro hace mucho tiempo se ha convertido en uno de los mejores altavoces de la pujante vida cultural peruana: Recitales de poetas jóvenes, conciertos de nueva trova, presentaciones de revistas, debut de nuevos escritores, festivales de video nacional. Y ahora escenario de quizá la mejor exposición artística del año.
¿Por qué Inkarri? Inkarri es mucho más que la conocida leyenda andina sobre el regreso de un inca rey que devolverá el orden y la justicia en las tierras del Perú. Inkarri es una metáfora de nuestra identidad: Nostalgia de una grandeza lejana y ausente pero no perdida. Reflejo de un país escindido y roto del cual, sin embargo, emergen fuerzas interiores que buscan su reinvención. Pero sobretodo Inkarri es utopía : El Perú futuro, libre y fraterno, reconciliado con su historia y tradiciones, mirando sin miedo a los demás.
¿Y por qué lo barroco? La cualidad del estilo barroco es el poder de las imágenes, ellas de por sí son el discurso que atrapa al observador. La imagen que no solo vale más que mil palabras sino que ella misma es la palabra, y como tal ejerce su particular poder a la hora de hablar de lo que nos rodea. Resumiendo: La Muestra es un poderoso discurso simbólico acerca de nuestra identidad y nuestra historia, de nuestros miedos y prejuicios. Pero, por encima de todo, es una innovadora ruta de conocimiento e interpelación sobre el Perú.
Solo así entendemos esa maravillosa recreación pop que hace Marcel Velaochaga del legendario lienzo Los funerales de Atahualpa donde mezcla a Pizarro con oficiales del Ejército, aparece un Abimael Guzmán, puño en alto, despidiendo al último inca, mientras Benedicto XVI bendice con una mano y con la otra cuelga la cabeza del ya cadáver Che Guevara. ; entre marines norteamericanos que reprimen a los dolientes indígenas fundidos con manifestantes obreros y un campesino salido de los dibujos de Guamán Poma de Ayala. Este mural ya forma parte de la historia del arte peruano.
Y más. Los collages de Alfredo Márquez (que es el curador de la Muestra) combinan creativamente iconos de la estética popular urbana con referentes andinos. Allí está ese Inkarri, hermoso y cruel, imponente aunque sangrante, que se yergue por sobre un haz de torres de alta tensión derribadas mientras enfrenta un ataque de cazabombarderos. O esa sonriente Rosie la Remachadora (creación del gran dibujante yanqui de los años cuarenta, Norman Rockwell) que se empeña en derribar el famoso monumento a la Internacional Comunista de Rodchenko atrapado entre las ruinas de las Torres Gemelas, la estación de Atocha, la calle de Tarata y el avión siniestrado últimamente en Pucallpa.
Y podía agregar más : Los dibujos del antropólogo y retablista Edilberto Jiménez que dibuja los testimonios de comuneros ayacuchanos castigados por la violencia política en un estilo que recuerda al de las ya famosas tablas de Sarhua, o los tapices andinos, confeccionados con la ayuda de toda la familia, que relata los sueños del artesano Emilio Fernández. O esos cuarenta segundos de video del multitudinario entierro de Edith Lagos en Huamanga, que le dirá a más de un estudiante universitario que la historia peruana no es como se la contaron.
Uno sale de la Muestra con más preguntas que respuestas, con más ansiedad y menos confianza: Se ha dado cuenta que el Perú es otra cosa, quien sabe qué, pero algo muy distinto a lo que uno percibe en el menú habitual de los noticieros y las primeras planas. Ese es el gran mérito de la Muestra.
En un dibujo del artista vasco-venezolano Eneko Las Heras, que próximamente veremos en el Perú, aparece el arte como una llave que abre la cerradura que da a la vida. Dentro de la oscuridad del país oficial, el arte es una llave maestra que no da respuestas, solo abre puertas. De nosotros depende entrar y buscar el verdadero rostro de nuestra sociedad ¿Lo haremos?