Seis de agosto de 1945. 8:16 AM. El Enola Gay, un impresionante B29, lanza sobre Hiroshima un cilindro de cuatro toneladas de peso que lleva consigo dos piezas de uranio-235 que, al chocar entre sí, produce una deflagración equivalente a más doce kilotones de dinamita. La inmensa bola de fuego se cobró casi un cuarto de millón de víctimas entre muertos, desaparecidos, heridos y afectados por la radiación. El piloto Paul Tibbets, al accionar la palanca que dejó caer la bomba, bien pudo decir Queda inaugurada esta Era. Era Atómica, Era de la Ambición y Estupidez humanas.
¿Era inevitable que los EEUU lanzaran la bomba ? Hoy se sabe que los argumentos yanquis ( forma rápida de terminar la guerra y ahorrar casi un millón de vidas americanas en una hipotética invasión y ocupación del Japón) eran infundados. El Japón ya estaba virtualmente derrotado, casi sin combustible, cercano a la hambruna y negociaba con los soviéticos una salida honorable de la guerra. La decisión del presidente Truman de lanzar la bomba posiblemente contó con otras motivaciones: El prejuicio de ver en los japoneses a seres bárbaros y racialmente inferiores a los cuales se les podía castigar de cualquier manera (¿Hubieran soltado la bomba contra los alemanes ? se preguntaba Sartre) así como manifestar ante los demás países (y en especial a la URSS) que los norteamericanos tenían la supremacía política y militar.
Pero esa preeminencia apenas duró. En 1950 los soviéticos, gracias a las investigaciones del profesor Peter Kapitsa, contando con la asesoría forzosa de antiguos científicos del Reich y la información proporcionada por su envidiable servicio de espionaje (así como por la colaboración desinteresada de muchos científicos progresistas, algunos de ellos pagando con su vida el gesto) lanzaron con éxito la primera bomba atómica del proletariado.
A partir de allí se inicia una carrera infernal en pos de tener el mejor arsenal nuclear. El potencial destructivo era tan grande y los riesgos de usarlo aumentaron tanto (recuérdese la crisis de los misiles en Cuba en 1962) que ambos bloques empezaron a firmar pactos para limitar su uso. Sin embargo, no evitaron hechos colaterales como el imparable programa nuclear israelí o la sorprendente fabricación de la bomba de hidrógeno por parte de los chinos en plena Revolución Cultural.
Cuando se hundió el Muro en 1989, se temió que gran parte del complejo nuclear soviético cayera en las manos de mafiosos o terroristas. Pese a la paranoia de una docena de thrillers (la mitad de ellos protagonizada por Harrison Ford) ni la masa de científicos nucleares de la ex-URSS ha estado descontrolada, ni las tenebrosas fantasías acerca de un grupo de encapuchados que se haga con una cabeza atómica pudieron pasar de tales.
Sin embargo, lo que sí sucedió fue una inevitable nuclearización de países que se consideran ellos mismos como los únicos guardianes de su supervivencia : Israel el primero, sea produciendo clandestinamente su propio arsenal de armas atómicas, sea bombardeando centrales nucleares de países enemigos y sobornando y/o chantajeando a los expertos en energía nuclear del mundo árabe para neutralizarlos. India y Pakistán, embebidos en su atávico odio, han preferido matar de hambre a sus ciudadanos para adquirir como fuera tecnología nuclear. Más atrás han quedado países que han visto en La Bomba un mecanismo de disuasión frente a sus enemigos. Ese es el caso de Corea del Norte, aislada casi de todo el planeta, que usa su bomba atómica como moneda de cambio para que EEUU firme un tratado mutuo de no agresión. O Irán que, encerrado en una zona conflictiva, busca una paz regional avalada por cientos de megatones.
Buena parte de estos problemas se solucionarían si las Naciones Unidas y su comisión de energía atómica dieran seguridades de cooperación para enrumbar esos programas nucleares hacia planes básicamente energéticos, apoyando medidas que aumenten los índices de kilovatios per cápita o supervisando los planes nacionales de electrificación. Así sería más fácil controlar el desarrollo nuclear de coreanos o iraníes, más allá que sus regímenes sigan soñando a escondidas con la Bomba...
Pero, como reza el tango, la ambición trabaja. EEUU está diseñando minibombas nucleares que traerán el terror atómico pero focalizado y a pequeña escala, produciendo pequeños Chernobiles ejemplarizantes para cualquiera que quiera retar al Imperio. Y la respuesta está en camino : Al Qaeda ya tiene acceso a las llamadas bombas sucias, explosivos convencionales con alta contaminación radioactiva que podrían afectar edificios o hasta barrios enteros. El espíritu de La Bomba continúa y refleja perfectamente que el poder de algunos puede llevar a la destrucción de todos. O como diría el robot C3PO de Star Wars : Eso es algo típico de los humanos.