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 Artículo
 21/07/2005
 ¿MATRIMONIOS DE GAYS EN EL PERÚ?
Un viaje a los límites de nuestra tolerancia

¿Y por qué no? Si uno revisa la prensa popular, la programación de los canales y las estrellas de la farándula, uno pensaría que este es un país con una benévola simpatía al colectivo gay. Políticos, futbolistas y hasta escritorzuelos peruanos han admitido abiertamente y en olor de multitud su homosexualidad. Pero ¿De verdad somos tan tolerantes?
Cuatro países ya han legislado el matrimonio entre homosexuales y en algunos de ellos se admite incluso que éstos puedan adoptar niños. Es la culminación de un largo camino de lucha contra la homofobia en el mundo desarrollado. En Europa, para ser más precisos, la homosexualidad no solo se despenalizó sino que su condición sexual fue abriéndose paso entre burlas primero, ácidas críticas después y respetuosas negociaciones finalmente. Los homosexuales han conseguido introducir “lobbies” en casi todos los centros de poder, cuentan con representación en casi todas las fuerzas políticas, se han convertido en grandes renovadores de los patrones estéticos de los últimos quince años y forman parte natural del paisaje urbano. La expansión del SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, lejos de arrinconar a los gays, desarrollaron el sentimiento de tolerancia e información de los ciudadanos del mundo opulento.

Los países subdesarrollados y las virtuales semicolonias (como el Perú) no tienen más remedio que recibir el impacto de los discursos políticamente correctos que se construyen en las metrópolis. Al igual que el desarrollo de los derechos de la mujer, el progresivo conocimiento de la ecología o la consolidación mediática de los Derechos Humanos; la aceptación de la homosexualidad ha venido desde afuera. Ha sido su legitimación en el “mundo gringo” lo que ha hecho más persimiva nuestra opinión sobre el colectivo de gays, lesbianas y transexuales.

Aunque, todo sea dicho, esta aceptación ha sido más epidérmica que real, primando más la lógica del espectáculo que la razón crítica. Para bien o para mal. El “salir del clóset” ya no es un proceso humillante o traumático sino casi un show mediático que se celebra como una boda o una fiesta de quince años. Las relaciones de pareja entre personajes públicos gays se ventilan como la de sus símiles heteros, siempre y cuando ambos guarden las mismas dosis de zafiedad y tremendismo propias de las historias de consumo masivo. Es natural que ahora los homosexuales, lejos de esconderse, cuenten su historia personal a los medios con abundancia de detalles. Aparentemente, no queda mucho trecho para que el Perú sea el primer país latinoamericano que promulgue una oronda ley de matrimonio homosexual.

Aparentemente. Este es un país de apariencias, es decir, donde toda realidad está siempre encubierta bajo un manto de mentiras, medias palabras y mucho silencio. Aparentemente este país, tras el dictamen de la Comisión de la Verdad, se compromete con la defensa de los derechos humanos. En la práctica, los pocos genocidas acusados por la ley (el grupo Colina, por ejemplo) están a un paso de salir en libertad sin cargos. Aparentemente somos un país que respeta la igualdad de la mujer, aunque cualquier estadística oficial demuestra que ellas siguen ganando bastante menos que sus pares varones. Aparentemente, somos un país que se regodea en la hermosa frase de Arguedas “Todas las sangres”, aunque en la práctica el racismo sigue siendo el discurso dominante sea en la publicidad de las principales firmas, sea cuando se impide a peruanos de piel oscura el acceso a determinadas discotecas. ¿Por qué tendría que ser real y no aparente nuestra tolerancia a los gays?

Recordemos que todavía hay mucho oscurantismo en un Perú donde la violencia doméstica es el pan de cada día, la explotación del trabajo infantil casi es legal y donde leyes básicas y necesarias como la del aborto siguen siendo una utopía siquiera el formularlas. La tolerancia implica ciudadanía, y la ciudadanía solo es posible mediante la existencia de oportunidades y libertades para las personas. Un entorno como el peruano, donde impera una insultante desigualdad económica y buena parte de la legislación es papel mojado ¿qué tolerancia producirá? Todo lo contrario, seguirá alimentando esa cultura de la jungla, donde el peruano es el otorongo para el peruano, y donde el puma grande se come al cuy chico.

Y sin embargo, justamente por ese tremendo atraso cultural que padecemos, propuestas como una ley de matrimonios homosexuales o una ley que convierta la corrupción en el peor delito tipificable, han de ser presentadas y debatidas. Son ventanas de civilización que nos permiten pensar y fortalecernos para seguir luchando contra la habitual oscuridad de nuestra cotidianidad.


 Datos del autor



(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.


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