Al pasar delante de la tribuna oficial, teníamos que hacer el saludo militar volteando ligeramente la cabeza hacia el alcalde, autoridades y director del colegio que nos observaban atentamente, bien al terno y serios como los retratos de los próceres de la Patria del libro de Educación Cívica.
En ese preciso momento, me agarró una parálisis en el brazo derecho que me impidió quitarme el saludo militar de la cabeza y me estuve cuarenta y ocho horas con la mano pegada a la sien, la palma extendida y mirando hacia afuera, como un soldado al que le hubieran amarrado una foto de un oficial delante de la cara con un palo y una pita. ¡Qué patriótico el muchacho, se ha emocionado con la bandera!- comentaban en mi casa.
No voy a negar que tenía su prestigio machacar zapatos al ritmo marcial de la banda del colegio, con el palo de la Nacional apoyado en el ombligo, siguiendo el tatachín tatachán de los bronces y tambores.
Tocaban horroroso, no recuerdo un grupo instrumental que desafinara de tal manera, pero su desastre musical tenía una explicación. Cuando se le ordenó al conserje del colegio llevar las trompetas (porque no eran cornetas, no), trombones y tubas donde un especialista para que los afinara para el día del desfile, no se le ocurrió mejor idea que entregárselos a un mecánico cuñado especialista en afinamiento de motores. Hasta los aceitó con Castrol.
¿Por qué esa militarización de las fiestas patrias? ¿Por qué diablos tiene todo el mundo que marchar y marchar? Que marchen los cadetes del Leoncio Prado. Por qué tienen que marchar los escolares. Está bien que haya sido un ejército comandado por un argentino quien nos liberó politicamente de España (y nada más). Si fue así, que marchen los argentinos del Perú y listo. Hay un montón en el fútbol peruano..., aunque todavía no lo han liberado de la mediocridad.
A mí me gustaría proponer que los escolares marchen al ritmo que les gusta. Por ejemplo, ¿no sería patriótico y alentador ver ordenadas filas de colegiales uniformados, con su bandera peruana al frente, bailando perreo en perfecta formación militar a los sones de un reaggetón interpretado por la banda de su colegio?
Claro que eso dependería del colegio. Los del pituquísimo Santa María se rebelarían en masa si les impusieran el reaggetón, ellos sólo desfilarían con la música de Eminem, del mismo modo como los veteranos de la guerra de los treintas con el Ecuador tendrían todo el derecho a marchar a los sones de Pinglo y los militantes de Sí Cumple lo harían con el himno japonés.