En alguno de los párrafos de su último libro “Antimemorias 2- Permiso para Sentir”, Alfredo Bryce fantasea con incluir el chocolate “Sublime” dentro del escudo nacional. No sé si en lugar de la llama, el árbol de la quina o la cornucopia, pero en alguna de las tres casillas, porque quina, llama o cornucopia eran para los fundadores de la Patria lo más rico del Perú y para Bryce mucho más rico es un “Sublime” que un trago de quinina, un mordisco de charqui de llama o el sabor del oro por más azúcar que le pongan.
Habrá quienes prefieran sustituir el Sublime por una Cristal o una Cuzqueña, es más, creo que muchos peruanos estarían de acuerdo con una nueva versión del escudo nacional que sustituya el árbol de la quina por la chela de sus preferencias, la llama por la chola Jacinta (ese sería el escudo que le gustaría al Canal 2) y la cornucopia dorada por alita de mariposa.
El árbol de la quina, la llama y la cornucopia son símbolos decimonónicos que han perdido su vigencia. La vieja y útil quina de otros tiempos, maravilla de la medicina pre científica, huele a tecito de Valeriana y en cuanto al árbol de donde se la extrae, quién sabe si termine desapareciendo del panorama para reaparecer en el parquet de los edificios o como leña para pollerías como otras especies nativas.
La andina y ancestral llama no se merece ya el sitial que mantiene en el escudo, aunque sigue significando carne y lana en el Ande, más lana nos proporcionan la vicuña y la alpaca, y lana de la verde, que es la que mueve al mundo. Hasta los fósforos Llama le han cedido su lugar a los encendedores de a sol y cuando nos llama la llama, no es para recordarnos su glorioso pasado de animal de carga y de sacrificio sagrado, sino para ir a la Feria.
Llegamos a la cornucopia que derrama el oro del Perú. Cuando se creó el escudo, no había más oro que el metálico amarillo, pero ahora tenemos el oro negro del que proviene el humo negro que botan las combis por el escape, el oro incoloro que enciende nuestras cocinas y pronto moverá autos, buses y también ingentes cantidades de divisas para el presupuesto y finalmente el oro blanco que los burriers se encargan de exportar al extranjero.
Dicho todo esto, no queda sino modernizar el escudo. Así como la China piensa actualizar la hoz y el martillo de Mao cambiándolos por un martillo neumático y una sierra eléctrica, de igual modo deberíamos modificar nuestro anticuado escudo nacional por otro que contenga, no un Sublime, pero sí tal vez una píldora de antibióticos en la casilla izquierda, una chompa de vicuña en la derecha y un balón de gas en la gran casilla inferior, porque colocar un surtidor de Diesel 2 sería poco estético y un quete de la blanca nos dejaría pésimo en el concierto internacional.
Datos del autor
Nació en Lima, en 1945. Estudió Literatura en la Universidad Católica de Lima, dedicándose al periodismo cultural y humorístico en los diarios nacionales "La Prensa", "El Observador", "El Sol", "El Comercio" y "Expreso".