Me lo reveló un individuo cuyo nombre nunca supe y me lo reveló con tal convicción, que me siento tentado a creerle. Asegura que el Perú se jodió exactamente en 1913, el año en que se oficializó la reforma del Himno Nacional. Recuerdo que me fue a buscar a mi casa (no sé cómo averiguó mi dirección) y bajando la voz hasta el susurro, me soltó la increíble verdad.
- La segunda estrofa del Himno es una maldición mapuche.
- ¿Cómo que maldición mapuche?- le pregunté, desconcertado.
- Así es, cada vez que repetimos la estrofa que incorporó José Santos Chocano...
-¿Cómo que la estrofa que incorporó José Santos Chocano?- volví a preguntar.
- José Santos Chocano ganó el concurso oficial para modificar la letra original de José de la Torre Ugarte, él es el autor de esas ocho líneas que comienzan: Largo tiempo el peruano oprimiiiiiiido..., las únicas que cantamos después del Somos liiiiibres... y cada vez que las cantamos, nos apretamos un poco más la soga que llevamos puesta al cuello. ¿No se ha dado cuenta de que las palabras dominantes son: largo tiempo oprimido/ ominosa cadena arrastró/ condenado a una cruel servidumbre/ en silencio gimió/ indolencia de esclavo/ humillada cerviz?
- Sí, ya lo sé, y qué- le contesté.
- ¡Esas palabras tienen poderes mágicos, no son otra cosa que un maleficio anti peruano!- exclamó, olvidándose de toda prudencia.
Logré calmarlo. Bajó la voz, pero no la intensidad de sus afirmaciones. Hace casi un siglo que nos la pasamos repitiendo: oprimido, en silencio, gimió, indolencia, arrastró, humillada y por eso, los peruanos estamos cada día más oprimidos, silenciosos, gemebundos, indolentes, arrastrados y humillados.
- ¿O sea, que Chocano jodió al Perú?- concluí, medio en broma.
- Sí, señor, Chocano versificó una maldición elaborada por brujos mapuches a sueldo del
gobierno chileno para mantener hundido al Perú. Gracias a sus artes poéticas, ganó el concurso oficial e introdujo el maleficio en nuestro Himno, por eso, quiero proponer un contramaleficio, una nueva estrofa que nos saque del pozo y se la voy a cantar aquí mismo.
Se puso solemnemente de pie, con una mano en el corazón y se puso a chillar: Somos grandes y monumentaaaales/ inmensos, enormes, tremendos/ somos magnos y superlatiiiivos/ y tan grandes/ y tremendos/ extensos y extraordinarios/ ilimitados y desmesurados/ mayúsculos y descomunales... Si no lo saco de los sobacos, me hubiera vertido encima su nueva estrofa, mas las cinco restantes del Himno Nacional.
Cuando todo volvió a la calma, me quedé pensando: ¿Habrá nuestro poeta coronado jodido realmente al Perú? ¿Tendremos al fin la respuesta a la pregunta que formuló tan claramente Zavalita en Conversación en La Catedral?