Me he preguntado muchas veces por qué mi vecina sube y baja siempre la larguísima escalera del edificio hablando a toda hora por su celular como si estuviera conversando con los escalones.
Nunca la he visto con la oreja libre, para mí, es una celustrula, una adicta que está para vender mentitas o pañuelos de papel con su polo del Centro Celular Victoria (área especializada para celudependientes), aunque no sé si el Centro seguirá operativo o se fumaron la institución, porque no he vuelto a ver mucho a sus pupilos por las calles.
El celular es relativamente nuevo en la cultura contemporánea. Mientras fue caro y aparatoso, la gente cuidaba la lengua y también las manos, porque podía caerse y aplastar un dedo, pero su creciente baratura y miniaturización lo han convertido en el juguete más seductor de la tecnología contemporánea y cómo no, si hasta el bebe quiere ahora su celu para intercambiar gugús y dadás con sus amiguitos de la sala de maternidad.
Y ¡Atención! Ya llega Barbie con celular, porque si no tiene celu, cómo hará para comunicarse con su dueñita... o con las barbies de sus amigas. ¿Se imaginan el nivel de conversación de una Barbie?
- Ay, Barbie de Inesita, ayer se me zafó una pierna.
- Ni me cuentes, Barbie de Carolita, desde que nos fabrican los chinos, estamos hechas unos desastres. A mis zapatos de noche se le encogieron los tacos y ahora parecen sayonaras.
Yo no tengo celular y eso me convierte en un paria, en un subversivo peligroso e incomunicado. No es que tenga algo contra los celulares, son el teléfono ideal, pero simplemente no puedo pagarlo y me las arreglo con el fijo.
Hay alguna gente que me ha quitado el saludo. ¿Cuál es tu celular?- me preguntan, sacando su celular para anotar mi número y cuando les contesto que no tengo, me miran con sospecha de portero de discoteca de Asia a individuo no admisible y se despiden con cualquier pretexto. Nunca más los veo. O sea, los que tienen celular se reservan el derecho de admisión de los que no lo tienen.
Un nuevo Hamlet diría: Ser o no ser con celu, ese es el problema.
El celular es el símbolo tecnológico del siglo XXI. Comunica, toma fotos y videos, manda textos, computa, memoriza, baja música y hasta sirve de karaoke, sólo falta que ladre y menee la antenita cuando está contento.
¿Tienes aspiraciones de cantante pero te falta grupo musical? Acompáñate con tu celular, no te cuesta y llevas la orquesta en el bolsillo.
La celudependencia está modificando conductas tradicionales, hay chicas que le tienen celos al celular de sus parejas. Se han visto casos de celulares cacheteados y frases del tipo: ¡O tu celular o yo! .
Ante este tipo de situaciones, prefiero pasar del celu. No me vaya a enamorar de uno.