Por debajo de los malos ingredientes con que se cocinaron estas dudosas denuncias, subyace el presupuesto de que las chicas bonitas no necesitan curriculum, presentación ni diplomas para sentarse en un puesto apetitoso como ellas y que sus master en cuerpazo sus títulos en ojos lindos valen más que Harvard o La Sorbona.
Para luchar contra ese presupuesto, propongo un impuesto selectivo a la blancura, la belleza y el apellido. Digo selectivo, porque se trata de gente seleccionada, especial, que mata con sus gracias y no necesita ni dar las gracias porque hasta sus malacrianzas caen bien.
En este país de cobrizos aplastados por el complejo que el psicoanalista Enmanuel Kantinflas bautizó como el Deseo de la Blancura y su variante, el la Rubiedad Insatizfecha, lo blanquiñoso vale oro y lo rubio mucho más. Por eso, un impuesto del 5% al color de piel blanca sería recibido como justo y necesario por la mayoría de los votantes. Atención demagogos aspirantes a una curul para el 2006.
La belleza femenina es todavía más rentable que la blancura y merece ser gravada con un 6% según jurado calificador de la SUNAT , por tratarse de una ventaja comparativa que le otorga a la linda cien veces más posibilidades de acceder a un trabajo y un buen sueldo que el resto de las mujeres. Y si es blanca, linda y rubia: 8%.
En cuanto a los chicos lindos, también merecen ser gravados de la misma manera, aunque el hecho de que todavía predomine el sexo masculino en los puestos de responsabilidad, mantiene el impuesto en un comprensivo 4%. Cuando la igualdad entre hombres y mujeres sea una realidad total, entonces deberá subir al 6%. Y si son blancos, lindos y rubios: 8%
¡Los apellidos! Ya pasaron los tiempos en que un Fernandini o un Prado nacían con el puesto en el pañal, pero nuestro complejo de Rubiedad Insatizfecha que mantiene tan en alto la venta de tintes rubios, nos tiene sometidos a los apellidos que saben a Kentucky Fried Chicken, poulet aux pommes damour o Brathähnchen mit Pommes. ¡Ejem!
O sea, a los apellidos de resonancias yuesey, germánicas o franchutas, duro con el impuesto, porque son un valor agregado. Y a los blancos, rubios, lindos-lindas de apellido franchute, germánico o gringo: 12%. Los italianos están un poco devaluados y no necesitan ser gravados.