Me parte el alma la infausta noticia de la partida de nuestro querido
presidente Fernando Belaunde, que si bien es cierto clinicamente se
esperaba, el dolor que embarga al pueblo peruano, sin distincion de clases
o color politico, es abrumador.
Se fue, el 4 de junio de 2002, a las 5:25 p.m., a encontrarse con su amada
Violeta quien lo esperaba desde el 1 de junio del ano pasado. Hasta el
ultimo momento se mantuvo con la fortaleza del gran senor que todos
conocimos.
Nos deja una huella imperecedera y ejemplar de honradez y caballerosidad
que, por el bien del Peru, todos debemos tratar de imitar.
Siempre luchó por los mas pobres, por la democracia, por el respeto a la
institucionalidad y las leyes, por la libertad de expresión, por una
integridad moral que, en su caso, es uno de los legados de mayor
importancia que tenemos que seguir, sin excepcion: jovenes y adultos,
hombres y mujeres, políticos y no políticos, para alcanzar el sitial que
Fernando Belaunde siempre anheló para el Perú y su conquista por todos los
peruanos.
Nuestra patria ha perdido al patriarca, al hombre de la bandera, al
luchador social de siempre; mas, el mejor homenaje que podemos brindarle,
con el dolor profundo que sentimos, es no solo orar por él -puesto que
siempre estuvo al lado de Dios, como se encuentra ahora- sino hacer un
sincero y profundo acto de contricción personal y colectivo, para seguir
sus enseñanzas, valores y principios, que seran el mejor gesto de congoja
que podemos demostrarle.
Las generaciones de hoy, que no tuvieron la oportunidad de conocerlo, sino
a traves del legado histórico de nuestro país, tienen ahora la ocasión de
rememorar su don de gentes, su tolerancia, su alto sentido patriótico, sus
principios, su visión por el futuro del Perú -como lo demostró al hacer,
tan acertadamente, la carretera Marginal de la Selva-.
Su ejemplo, como profesor universitario y político intachable, debe ser,
ahora, el camino que todos debemos transitar para llevar al Perú al sitial
por el que Fernando Belaunde Terry siempre luchó.
Humildemente guardaré, con todo respeto, los años que tuve el honor de
estar a su servicio, como su secretaria privada en Palacio de Gobierno
(1980 - 1985) y como su asistente personal luego que dejara su segundo
gobierno (1986-1990).
Los gratos recuerdos que se agolpan en mi mente, se
ahogan por la pena que me abruma. Mas, el mas grato de todos, es haber
tenido la inmensa satisfacción de orar a su lado, sosteniendo su mano, hace
tan sólo una semana.
FBT, descansa en paz al lado de su amadísima esposa Violeta Correa.