Camarada Blog
Conozca la voz del siglo XXI
Cada época marca su particular estilo de contar, analizar y disfrutar las cosas. Durante mucho tiempo la poesía ocupó ese espacio. Siglos después el teatro fue la gran ventana del debate y el disfrute. En el siglo antepasado la novela se convierte en la forma hegemónica de decir las cosas. Y en el acelerado siglo veinte los medios masivos de comunicación renovaron todas las artes y nuestra vida cotidiana ¿Qué tenemos ahora? Pues el boom de las nuevas tecnologías en todo su esplendor, la pangea multimedia, las infinitas manifestaciones que coexisten en el ciberespacio y, entre ellas, un estilo de comunicar que se ha abierto paso con energía y sin complejos: El blog. Posiblemente, la literatura del futuro.
El Ronsoco Ilustrado
Javier Garvich
(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.
El blog es muchas cosas y esa pluralidad contemporánea, es su mejor carta de presentación. El blog tiene mucho de diario personal pero también de crónica periodística. Es profundamente subjetivo pero busca dar una información de calidad y una opinión sustentada. Más que adoctrinar, sugiere. Pese a ser -por lo general- una empresa individual, todo blog se sostiene en un foro público que lo retroalimenta. Si bien sus puntos de vista circulan entre una minoría que puede conectarse a la red con facilidad y frecuencia, han alcanzado una resonancia que ha trascendido a las élites.
Las nuevas tecnologías nos han dado una diversidad de formas comunicativas que van desde el lenguaje depauperado de los chats a los elaboradísimos perfiles de Second Life. El celular se ha convertido ya en una extensión más de nuestro cuerpo y el Google ha hecho de los libros de enciclopedia poco más que piezas de museo. El MP3 y el Ipod están cambiando los hábitos musicales de hoy en unas dimensiones que no se veían desde la popularización del fonógrafo. Inventos que a mi generación le pueden parecer absurdos –como el Hi5 o el Facebook- están revolucionando las prácticas de socialización y hasta de sexualidad. El hipertexto, con sus exploraciones y saltos atrevidos entre link y link, ha reemplazado a la lectura lineal. Las nuevas generaciones no siguen un patrón rectilíneo y concatenado de información, su conocimiento es irregular, publicitario, audiovisual y guiado por lo que desean buscar. Un amante de la novela erótica puede conocer las posiciones sexuales más de moda en el Soho londinense e ignorar perfectamente las obras del Marques de Sade.
El mundo –aquí y en la China- está cambiando hacia nuevas formas de producción y reproducción social. Estamos mudando a un paisaje que muy poco tiene que ver con lo que había antes de las nuevas tecnologías. Para decirlo más gráficamente: Quienes crecimos en un barrio de La Victoria viendo dos canales de televisión en blanco y negro tenemos muy poco que compartir con los adolescentes y jóvenes de Pamplona Alta o Comas, quienes disfrutan del centenar de canales de cable (pirateados) a todo color, pueblan las cabinas de Internet, paran pegados al celular, caminan por la calle tarareando ritmos para sí con sus audífonos y renuevan periódicamente su colección de DVDs que una diversidad de triciclos venden a las puertas de sus desvencijados colegios.
El blog es una expresión más de ese cambio. Responden puntualmente a la inmediatez de los tiempos y son conscientes de la variedad, la brevedad y las herramientas del espectáculo como requisitos para llegar a los nuevos lectores. Aprovechan inteligentemente las nuevas tecnologías y en un mismo post yuxtaponen diversos soportes mediáticos que le dan una naturaleza atractiva a lo expresado. Pero sobretodo, reflejan un sentimiento que se respira en toda la red y que, lo que son las cosas, escasea en la mayoría de los ámbitos de la vida real: Libertad.
Porque el blog es mucho más que un periodismo del tercer milenio. Repito, no busquemos en los referentes pasados. Es la voz de nuevas generaciones que encuentran en este formato la mejor manera de expresarse públicamente, una voz donde la información y la opinión no son dos entes necesariamente separados, donde lo académico coexiste con lo periodístico, el eruditismo especializado con la contracultura bizarra, los temas de actualidad con las obsesiones personales.
Y queda el lenguaje. Frente a la apabullante presencia de lo audiovisual, uno creería que la palabra escrita tiene los días contados. Nada más falso: La necesidad de concisión y brevedad, la búsqueda de estilos seductores de comunicación, las novedades tecnológicas del ciberespacio, el hurgar entre las infinitas fuentes de la red y esa libertad en crear, decir y responder están delineando nuevas formas expresivas de lo letrado. La música, la imagen, la animación no arrinconan a la palabra, sencillamente la resitúan y le dan un nuevo escenario de (re)construcción.
Un nuevo lenguaje con nuevos contenidos para un nuevo proceso de conocimiento en nuevas generaciones. Y valdrá todo: Opiniones políticas expresadas como canciones unpluggeds, sesudos conceptos con forma de cuento de hadas, tragedias cotidianas en clave de narración deportiva, algún tipo de tridimensionalidad que nos transmita emociones con otra intensidad, manifiestos plasmados en dibujos, una misma poesía que pueda comunicarse de varias formas distintas, productos artísticos realizados colectiva y recíprocamente en clave multimedia. Lo fascinante es que todo lo dicho puede haberse ejecutado ya y se hayan sacado conclusiones.
Como todo lo nuevo, vi al blog como un género chico de minorías enganchadas a las tecnologías. Luego creí que era un pasatiempo de universitarios adinerados. Finalmente, como una extravagancia de nuestro tiempo. Ahora lo miro como un prometedor futuro que anuncia nueva sangre para nuestra cultura y nuestra gente, el viejo camarada leninista reconvertido en una vigorosa ciudadanía virtual que enriquece nuestra existencia real.
A lo mejor me esté equivocando nuevamente. En el siglo XXI todo está por reinventar.