Portada TERRA PERÚ > Noticias > Ronsoco Ilustrado

 

La censura del siglo XXI
En el Perú y el mundo para todos hay

imprimir  enviar 

No es solamente el tremendo error de censurar algunos dibujos del artista Piero Quijano por parte del INC. No es solamente la no menos tenebrosa censura al pintor peruano Marcel Velaochaga en la última Bienal de Valencia. No es solamente la tremenda autocensura de los medios en la Norteamérica de Bush. En el tercer milenio, cuando estamos mejor informados y más comunicados que nunca, parece ser que tenemos una censura mucho peor que las que se aplicaron en los siglos anteriores.

El Ronsoco Ilustrado
 -

Javier Garvich

(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.

Ya nadie se acuerda de cómo el entonces Ministro del Interior del Perú Javier Alva Orlandini quemaba públicamente una pira de libros de marxismo y ciencias sociales bajo la excusa que incitaban a la lucha armada. O que los españoles sólo pudieron ver la comedia de Chaplin El Gran Dictador casi cuarenta años después. O el índex de obras prohibidas que manejaba el régimen soviético (casi tan grande como el de la Curia Romana en sus momentos más represivos).O lo que la sociedad norteamericana hizo con muchos artistas e intelectuales durante la Caza de Brujas de los años cincuenta. O el auge del concepto de Enartete Kunst con que los nazis denominaban al arte de vanguardia. La censura del siglo XX era clara, explícita y, por lo general, burda.

Claro, terminó la Guerra Fría y todos pensábamos que los tiempos de censura tenían ya sus días contados en buena parte del mundo. La globalización económica y las nuevas tecnologías producían, necesariamente, un mundo más abierto, más diverso y más tolerante. Solamente en las sociedades fanatizadas del islamismo o en los pintorescos regímenes de Cuba o Corea del Norte, todavía existía ese rezago de tiempos idos que era la censura. Sin embargo, sin que nos enteráramos mucho, volvieron viejas costumbres. Quizá el detonante fue la cobertura norteamericana a la Segunda Guerra del Golfo, La Guerra Peor Informada, aquella en que Al Yazira daba muchísima más información que la CNN, aquella en la que las suscripciones a los periódicos británicos crecieron exponencialmente dado que los norteamericanos, al estar bombardeados por la autocensura total, no tenían otros medios donde contrastar su ignorancia informativa.

Autocensura, esa es la palabra de oro. Antes el gobierno parametraba los medios, ahora los medios se controlan solitos ¿Por qué? Porque quien mueve el mundo ya no es el poder político sino el financiero, porque frente a la laxitud de las instituciones y regímenes, es ahora el mercado de las corporaciones transnacionales quien todo lo puede, todo lo escucha y todo lo dice. Poco después del atentado de las Torres Gemelas, el reconocido periodista norteamericano Bill Maher afirmó que “no había nada de cobarde en el hecho de suicidarse estrellando un avión contra las Torres Gemelas, pero que sí puede aplicarse el término al uso de misiles”. Inmediatamente su programa se quedó sin sponsors y ese ejercicio de opinión le costó casi la carrera. Todavía hoy la mayoría de los grandes massmedia norteamericanos se cuidan bastante a la hora de opinar sobre los efectos de la guerra de Irak (Una galería de fotos de los mutilados norteamericanos en dicho conflicto nunca tuvo un sitio público más allá de Internet) y las imágenes de la repatriación de los cuerpos de soldados norteamericanos caídos siguen siendo manejadas con mucho cuidado. En cuanto a la cobertura del actual conflicto en el propio Irak, los periodistas padecen una política censora oficial de dimensiones exageradas y hasta paranoicas, si las comparamos con el clima informativo que existía en la Guerra de Vietnam.

Si el poder financiero que todo lo penetra ha reconfigurado los medios convirtiéndolos en pools que deben controlar sus procesos informativos para no perder consumidores ni inversores; las nuevas tecnologías han puesto la imagen como el modo comunicativo dominante dentro de la todopoderosa pangea multimedia. Si no apareces en la pantalla, no existes. O peor aún, como menciona el comunicador español Miguel Ibáñez en su genial Zap! (Ed. Futura, 1995): “La fe clásica era aquello de creer en lo que no ves; la fe catódica es creer en lo que ves, oyes o lees, sea lo que sea que veas, oigas o leas…”.

¿Cuál es el resultado de la fusión de poder económico multinacional y poder mediático global? Pues la existencia de un mundo artificial alimentado materialmente y de consumo casi obligatorio. Quien no lo hace es un marginal, casi un fantasma invisible para el resto de los mortales. Antes la censura llegaba incluso a la muerte real, ahora siempre es la muerte virtual, mucho más efectiva en un mundo cuyos códigos cognitivos ya están regidos por las nuevas tecnologías.

¿Hay formas de escapar a esta censura global que empieza por esa pasmosa fiebre por instalar cámaras de vigilancia en todas partes (¡Algo que ni a Orwell ni a Huxley se les llegó a ocurrir!) y termina por mentir reiterada y educadamente sobre la existencia de armas de destrucción masiva con una eficacia y pulcritud que hubiera dejado boquiabierto al propio Goebbels?

Sí, hace unas semanas el nuevo presidente francés Nicolas Sarkozy apareció visiblemente ebrio en una comparecencia ante cámaras en Mecklenburgo. Ni la televisión francesa ni sus homólogas mundiales quisieron difundirlo públicamente. Tuvo que ser un periodista independiente que pudo divulgarlo por youtube, sitio que recibió más de 300,000 visitas en menos de cinco días. En la Lima tercermundista, según una encuesta, Internet tiene mayor credibilidad que una prensa nacional más que autocensurada. La lucha contra la censura ya no está necesariamente en las calles o en la creación de medios alternativos que irremediablemente son tragados por el mundo artificial dominante. A nuevos problemas, nuevas soluciones. La censura del siglo XXI –más sutil, más silenciosa, más efectiva- seguramente tendrá una respuesta también de este nuevo siglo: Quizá más culta, quizá más truhana y sin ninguna piedad para con el adversario. Cosas del Tercer Milenio.

imprimir  enviar