Ya no hay mundiales para Perú
El Ronsoco Ilustrado
Javier Garvich
(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.
Uno podrá decir que en otros países ocurren los mismos males y que allí está África dando el ejemplo de países subdesarrollados pero triunfadores. Mal de muchos y consuelo de tontos. Además muchos países africanos han desarrollado una serie de virtudes que nosotros hemos olvidado (solidaridad, identidad) y ellos han aprovechado oportunidades que nosotros desperdiciamos (la competitividad y el éxito de sus jugadores en las ligas europeas). Asia no tendrá mucho talento, pero sí tiene suficiente dinero para importar viejas glorias futboleras, traer entrenadores de primera fila y, sobretodo, mantener un trabajo de divisiones inferiores impresionante.
Pero no miremos afuera, mirémonos nosotros mismos ¿Ya nos hemos dado cuenta que somos la peor liga de Sudamérica y que ecuatorianos o bolivianos nos ganan guapamente? ¿Cuántos clubes peruanos tienen un trabajo sostenido de divisiones inferiores? ¿Cuántos campos de fútbol cuentan con un césped en condiciones decentes? ¿Son nuestros colegios semilleros de futbolistas? ¿Son semilleros de algo?
La globalización pone a prueba, todos los días, nuestra competitividad. Nuestras destartaladas escuelas compiten con países que tienen serios programas de desarrollo del deporte a nivel de colegios desde hace años, nuestros chicos compiten con países que tienen la mitad de nuestras tasas de desnutrición y mortalidad infantil, nuestros clubes desfinanciados y manejados por caudillos locales de pacotilla compiten con países cuyos clubes operan con cuentas saneadas y transparencia organizativa. Los peruanos competimos con países que invierten en gasto social tres o cuatro veces más de lo que han invertido nuestros gobiernos en los últimos lustros (y no es broma, desde que Chávez llegó al poder, los venezolanos han pegado un avance tremendo en fútbol). Así como el campesino de los Andes -atrasado, sin equipamiento y sin un cobre- tiene que competir (si se aprobara el TLC) con cualificados granjeros subvencionados por un opulento gobierno; así nuestro fútbol invertebrado tiene que competir frente a países con sólidas estructuras deportivas, financiamiento bien empleado y dedicación manifiesta ante sus ciudadanos ¿Qué esperanza tenemos, pues, de clasificarnos alguna vez?
Una empresa cervecera quiere instaurar un fondo para dedicarnos los próximos cuatro años a clasificarnos para el próximo mundial. A falta de trabajar, esperamos las limosnas; a falta de un proyecto de país, invocamos a los mecenas. Como siempre.
Tampoco estaremos en Sudáfrica 2010, qué quieren que les diga.
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