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La vergüenza de cada día

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El Sector Educación ¿Qué gobierno se encargará verdaderamente de él?

El Ronsoco Ilustrado
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Javier Garvich

(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.

Cualquier candidato no se cansa de prometerlo, cualquier gobierno no se cansa de recalcarlo: La educación como prioridad. Y al final, lo mismo: El sector educación con el mismo ridículo porcentaje presupuestal de siempre, el gobierno echando la culpa a los maestros mientras que los colegios se siguen cayendo a pedazos y (casi) todas las estadísticas sobre educación nos ponen a la cola de Latinoamérica ¿Pero es que nadie se da cuenta de lo que pasa? ¿Qué intereses hay para que la educación siga siendo nuestra vergüenza de cada día?

Al principio el presidente o ministro novato cree que el sector Educación puede arreglarse con un poco más dinero, seguir inaugurando escuelas, dar cuatro leyes nuevas y dedicarle un poco de esfuerzo gerencial. No tiene ni idea del abismo al cual se acerca: Poco dinero es ningún dinero, porque las necesidades del sector son estratosféricas. Las escuelas que se inauguren serán poco más que cascarones vacíos ya que estamos rozando la tasa de escolaridad plena y nuestro cambio demográfico significará menos párvulos que lo acostumbrado. Las cuatro nuevas leyes ¿como las anteriores- serán retóricas, ineficaces o inaplicables dada la falta de recursos, personal cualificado y participación efectiva de todos los sectores de la comunidad educativa. En cuanto al esfuerzo gerencial, más de lo mismo.

Uno se da cuenta que la tarea es de titanes: Triplicar o más los salarios a los maestros (siquiera para que puedan comprar libros regularmente) gastar mucho más en su capacitación y actualización permanente (es increíble la cantidad de maestros que ignoran el uso educativo de Internet) mejorar exponencialmente los servicios deportivos (El porcentaje de piscinas en los colegios públicos debe ser similar a la media africana), informáticos (mucho más que el miserable chorreo del proyecto Huascarán) y de laboratorios. Posiblemente sea necesario financiar servicios de desayuno y almuerzo a los alumnos, puesto que más de mitad de ellos asiste al colegio apenas alimentado. Y un largo etcétera que motive a alumnos, profesores y padres de familia a fortalecer esa entelequia hoy tan mal llevada como es lo de Comunidad Educativa (Concursos nacionales, viajes y visitas subvencionadas, espacio en los medios, atención privilegiada en salud, participación en proyecto sociales, etc.). No digo más, pero la conversión de estas ideas en número revienta cualquier calculadora.

Pero, además de la traca de cifras, suele imponerse la dura realidad: Al Sistema no le interesa invertir en educación. Nuestra democracia burguesa con pocos demócratas y bastantes menos burgueses, prefiere cumplir puntualmente los pagos de la deuda externa, no vaya a crecer el ¿riesgo- país¿ y disminuya la afluencia de capital extranjero. Prefieren también los gastos de defensa, porque a los uniformados hay que mantenerlos contentos, no vayan a pensar en otras cosas. Los gastos en infraestructuras gigantes (hospitales, carreteras, la nefasta moda de gastar en plazoletas y ornato público) son también más deseables porque el rédito político es inmediato.

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