¿Por qué ha fracasado la Comunidad Andina de Naciones?
El Ronsoco Ilustrado
Javier Garvich
(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.
Lo demás fue una lenta agonía. Chile, apostando unilateralmente por el monetarismo, se aparta de un Pacto donde no tenía nada que ganar. Los demás países terminaron convirtiéndose en economías endeudadas y frágiles que, en algunos casos, ni siquiera pueden darle de comer a sus ciudadanos.
En 1990 la liberalización de los mercados y el crecimiento exponencial del comercio global parecieron dar nuevas alas a los países andinos. Pero era demasiado tarde y la globalización se los tragó. Poco competitivos, deficitarios en educación y recursos, atrasados tecnológicamente; los países andinos poco podían hacer frente a la conformación de bloques regionales de naciones ricas y frente a un libre comercio que nos inundaba de productos asiáticos, mercadería pirata y bienes de segunda mano. Hoy, nos han quedado virtualmente dos caminos: Firmar pactos bilaterales con el Imperio (ahora eso lleva el nombre del TLC) o integrarse al Mercosur, único interlocutor válido que tiene Sudamérica en el mundo. Por razones de política lo uno ahora excluye a lo otro.
Frente a esto ¿Qué sentido puede tener persistir en una institución donde apenas queden la mitad de sus miembros originales? ¿Qué tiene la CAN que dar frente a otras ofertas comerciales? ¿Por qué esperanzarnos en acuerdos con colombianos y ecuatorianos, cuando el mero comercio bilateral con China mueve muchísimo más dinero?
En un mundo globalizado, hay múltiples salidas al desarrollo y al crecimiento. Un país como el nuestro puede combinar perfectamente acuerdos bilaterales de comercio con el sudeste asiático, acuerdos puntuales de asistencia médica y educativa con Cuba y acuerdos de condonación de deuda por desarrollo con la Unión Europea. De nosotros depende que esa carambola traiga progreso a la mayoría de ciudadanos y no se diluya en beneficios que vayan a parar en manos de los mismos.
No lloremos por la defunción de la CAN, el mundo no se acaba allí. Pero sí empieza en nuestras decisiones y visión de país. Si en eso fallamos, sí que nos faltarán lágrimas.
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