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Velasco no tuvo la culpa

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El Ronsoco Ilustrado
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Javier Garvich

(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.

O se buscaba un modelo de desarrollo que satisficiera las necesidades populares o se corría el riesgo de ver los Andes convertidos en un símil de Sierra Maestra. Si la clase política no se atrevía a ejecutar ciertas tareas, otros lo harían. Velasco, en nombre de la Revolución, evitaba que el país entrara en una espiral revolucionaria.

Así se explica las contradicciones e incoherencias de sus propuestas: Aplica una necesaria expropiación de tierras, pero no se las entrega a los campesinos pobres. Nacionaliza recursos y servicios básicos de la economía nacional, pero los confía en una pequeña tecnocracia que no tarda en caer en la burocracia y la corrupción. Expropia a la clase dominante sus medios de comunicación pero sólo para entregárselos a los afectos al régimen. Fustiga a los viejos partidos políticos, pero crea uno propio que repite las mismas viejas tácticas. Replantea los modelos de Defensa Nacional, pero solo para ampliar el campo de poder de la alta oficialidad de las armas. Convoca a muchos sectores dentro de los proyectos de desarrollo, para finalmente dejar de escucharlos. El error de Velasco fue soñar en un gobierno popular sin el pueblo, en una revolución sin revolucionarios, en un régimen que mejorara la calidad de vida de campesinos, obreros y estudiantes pero sin su consulta y mucho menos su participación.

Finalmente Velasco se quedó solo y sus enemigos, aquellos a quienes había quitado sus tierras, sus periódicos y sus privilegios; aprovecharon la oportunidad para echarlo del poder de la misma manera como vino. Y cebarse con su memoria.

Velasco no fue el mal encarnado, fue un militar patriota que, sin embargo, desconfió del sostén más importante de toda patria: Sus ciudadanos. Sin las masas pobres en el poder, sin su protagonismo y sus sueños, cualquier cambio será retórico y vacío. Regenerar el Perú es mucho más complejo que limpiar cuarteles, enseñar a pensar es mucho más difícil que enseñar a desfilar ¿Habrá aprendido la lección quien hoy se considera su heredero?

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