El Poder Judicial da el (mal) ejemplo
De plagios, mediocridad e impunidad
El Ronsoco Ilustrado
Javier Garvich
(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.
Se habla siempre del mal ejemplo de los profesores en el sector educativo, se criminaliza a los líderes comunales que luchan contra los abusos de las empresas mineras, solemos creer que médicos y demás miembros del sector público hacen huelgas por flojera y mezquindad ¿Qué decir de los jueces? Uno creería que con un sustancioso aumento de sueldo tendríamos mejores jueces. Craso error, la formación de un buen juez no tiene nada que ver con los estímulos monetarios. Y he aquí un caso.
Había una vez un ambicioso graduado en derecho quien, viendo su futuro como impune juez, no reparó en nada para hacerse un nombre y un prestigio dizque intelectual. Quiso ganar fama de gran erudito en derecho laboral y no dudó en plagiar páginas enteras de un colega que había publicado en la revista peruana Asesoría Laboral. El genial copión lo presentó primero como ponencia en el Congreso Iberoamericano de Derecho del Trabajo en México y, claro, no iba a publicar su plagio en cualquier revista de entrecasa. No señor, el futuro juez ya pensaba el fraude a lo grande y para eso lo publicó en la Scientific International Journal, la prestigiosa revista multidisciplinaria y bilingüe del Non-Profit Evaluation & Resource Center Inc. Valiéndose de la buena fe de sus editores coló su “ensayo” que no era otra cosa que un corta y pega del extenso artículo de su colega. El plagiario añadió otra línea más en su currículum (el cual no sabemos si se construyó con la misma metodología) y pensó que el copiado nunca se enteraría. Y si se enterara ¿Qué le iba a hacer? ¿Qué habría de temer?
No iba tan descaminado el plagiario. Tiempo después fue nombrado magistrado y juez titular dentro de la Corte Superior de Cajamarca. Se prodigaba en discursos y ceremonias del poder judicial y ¡hasta ha escrito un libro! (créanme que, con la fama que va cobrando este personaje, me muero de ganas de leerlo y rebuscar qué habrá en el de original y qué de la copia).
Cuando la revista internacional se enteró del fraude retiró el plagio para reemplazarlo por el texto y el autor auténticos, así como publicó una notificación de violación de los principios de publicación de la revista. Sin embargo poco más sucederá: El plagio no está tipificado como falta en la legislación disciplinaria y posiblemente se desestime la queja que se ventila dentro del Consejo Nacional de la Magistratura peruana, dado que la estafa se produjo antes de que fuese nombrado magistrado. Mientras en el extranjero se ha tratado al plagiario como lo que es, aquí es más que probable se le cobije y proteja.
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