“Lamentablemente no hay límites porque muchas veces son los propios padres los que, por deshacerse de los hijos, les compran esos objetos a los que los niños pueden acceder a contenidos de violencia y sexo”, comentó el especialista.
Anotó que un niño que no tiene voluntad desarrollada, una compañía sana y actividades alternas, “se pega” a estos medios electrónicos y comienza a depender de ellos, llegando a la esclavitud respecto de estos objetos.
En su opinión, un niño debe jugar diariamente una hora de juegos sanos y el resto del tiempo dedicarlo a la lectura, a actividades físicas, ir a la piscina, etc. “De lo contrario, se vuelven ´niños hongo´ sentados todo el tiempo frente a la computadora y todo eso por responsabilidad de la familia”, subrayó.