Lunes, 18 de Febrero de 2008
Nos habíamos choleado tanto: el nuevo libro de Jorge Bruce
Odiar es una manera de autoconservarse, hasta la destrucción del otro, mientras que amar es una manera de hacer existir al otro.
Paul-Laurent Assoun
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Jorge Bruce
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El racismo nos privó de un desarrollo cultural y económico, porque en realidad el racismo es una enorme traba
“El Perú no es un país racista”, dice el discurso oficial. “Y no seguirá siéndolo”, agrega la realidad. “El Perú es un país de todas las sangres”, se repite en la TV. “Pero hay sangres que valen más que otras”, corrige la realidad. “En el Perú todos somos iguales ante la ley”, dice la ley. Pero desde siempre, en el país las leyes se acatan pero no se cumplen. De estas contradicciones está hecho el Perú, y esas contradicciones (y muchas otras) son descritas y analizadas por Jorge Bruce, el autor de “Nos Habíamos Choleado Tanto”.
Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista y autor de lúcidas columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Pretende con este trabajo, como él mismo menciona, realizar “un acercamiento a la cultura peruana, con su esplendor y miserias”, y colocar en el debate público un tema que abarca a toda la sociedad desde que el Perú es Perú: el racismo.
Habría que empezar por decir que el libro no es de lectura fácil. Se requiere una cierta base en psicología y manejar algunos referentes de Historia y Sociología. En segundo término, una lectura crítica del libro nos dice que la obra consigue sus mejores páginas en los capítulos finales, a partir de la descripción y análisis de casos tratados en el consultorio del psiconalista Bruce (hechas a partir de descripciones anónimas). Desde esas experiencias, tomadas como ejemplos, resulta más accesible poder entender los escenarios de la realidad en que se mueven las teorizaciones y los análisis previos.
Sucede lo contrario en los primeros capítulos, donde se pretende hacer un diagnóstico en pocas páginas de un paciente tan complicado como el Perú. Que, si quisiéramos plantearlo así, tiene más de 28 millones de personalidades y cumplirá doscientos años de vida “independiente” (y lleva casi quinientos años de existencia). Resulta una tarea titánica abordar a un paciente así.
Además, las constantes alusiones a términos y definiciones psicoanalíticas (que están al final del libro, en anexos) interrumpen y dificultan la lectura. Esto atenta contra el deseo del autor de realizar un trabajo que solo puedan entender los iniciados. Nos preguntamos al respecto, no hubiera sido mejor poner toda la información de los anexos como notas a pie de página.
Por otro lado, resulta muy interesante las descripciones del autor de los mecanismos que se llegan a desarrollar entre discriminados y discriminadores. Por ejemplo, se da el caso del racismo inverso por parte de los discriminados, donde los blancos o rubios son los excluidos. O el remordimiento y el sentimiento de culpa y la necesidad de castigo, por parte de los discriminadores, quienes, de modo inconsciente saben que su posición como discriminador es injusta y la reconoce como tal, sin manifestarla expresamente.
También cabe destacar las citas de intelectuales peruanos de fines del XIX, pues ponen de manifiesto el carácter eminentemente racista de la época y que hoy se pretende negar o desconocer apelando al mito del mestizaje. Por ejemplo, la tesis de bachiller de Clemente Palma (1897) dice: “(…) (la indígena es una) raza embrutecida por la decrepitud, es por su innata condición inferior, y por los vicios de embriaguez y lujuria, un factor inútil (…) Los elementos inútiles deben desaparecer y desaparecen. A medida que la civilización vaya internándose en la Sierra y las montañas, el elemento indígena puro irá desapareciendo, como sucede en Estados Unidos con los pieles rojas (…) Habría un medio para ayudar a la acción evolutiva de las razas: el medio empleado en Estados Unidos; pero ese medio es cruel, justificable en nombre del progreso, pero censurable en nombre de la filantropía y del respeto a la tradición, algo arraigados en el espíritu peruano: ese medio es la exterminación a cañonazos de esa raza inútil de ese desecho de raza”.
Finalmente, aunque de lectura exigente, el libro de Bruce es recomendable por la información que se aporta y porque el enfoque dado permite una perspectiva distinta del racismo en el país. Porque, como lo dice el mismo autor, el mestizaje es una mentira. Una mentira blanca.
Conversamos con el autor del libro, Jorge Bruce, sobre el racismo:
¿De qué priva el racismo al Perú como sociedad?
Nos priva de la posibilidad de relacionarnos con el otro y tener, para decirlo de un modo coloquial, el alma más limpia. El racismo es como vivir permanentemente con un veneno adentro.
¿Cómo se imagina al Perú sin racismo? ¿Se lo imagina?
No creo que yo lo vea en vida. Porque, además, ninguna sociedad deja de tener racismo. Lo que pasa en el Perú es que circula con demasiada facilidad y libertad. Lo que sí me imagino es una sociedad donde la cultura sea más severa con el racismo.
¿Existe un racismo a la peruana, que, digamos, no mata ni muere solo intoxica la convivencia?
Creo que sí. Creo que es una modalidad más específicamente peruana, o lo era antes de la guerra contra Sendero Luminoso, donde el racismo adquirió unas características letales y una violencia desembozada. Antes era más solapa.
¿De qué nos privó el racismo en el Siglo XX?
De muchas cosas. Nos privó de un desarrollo cultural y económico, porque en realidad el racismo es una enorme traba. Por ejemplo, el centro comercial Megaplaza se puso en el 2003. Se pudo poner antes, había mucho dinero ahí. Ese tipo de anteojeras impiden ese desarrollo económico, porque creo que se derriben fronteras mentales es un requisito fundamental para que un país crezca y se desarrolle.
Jhonny Salazar para Terra Networks Perú S.A.