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Miércoles, 30 de Enero de 2008

La empleada audaz, un año después

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Hace un año, más o menos y aprovechando la baja marea informativa de febrero, se realizó la campaña Empleada Audaz. Un operativo organizado por ONGs de Derechos Humanos para protestar por las condiciones de trabajo que sufrían las trabajadoras del hogar en el opulento balneario limeño de Asia. Iniciativa de gran repercusión mediática que atacaba las costumbres de malos empleadores que obligaban a sus empleadas del hogar a usar uniformes incómodos para la temporada, a prohibir hablar o reunirse entre ellas y a “disfrutar” de la playa en horarios, digamos, inauditos. La campaña culminó con una apreciable marcha de cientos de universitarios, activistas de derechos humanos, un pequeño círculo de políticos e incluso personajes de la farándula hacia el simbólico balneario. Un año después ¿Qué queda de todo eso?

El Ronsoco Ilustrado
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Javier Garvich

(Lima 1965) Sociólogo, cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Lima. Ejerció el magisterio en la Escuela Superior de Periodismo Bausate y Mesa y en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Exiliado en España durante el fujimorismo, fue fundador y después director de Quipu, la primera revista cultural para inmigrantes peruanos en España. Actualmente, es el editor de la Revista Peruana de Literatura.

Aún recuerdo la enorme cadena humana que se extendió en la supuesta playa más pituca del Perú. Cientos de jóvenes –ellos con un polo en blanco con un logo antirracista, ellas con un uniforme azul que imitaba pálidamente a los uniformes que usan la mayoría de trabajadoras del hogar- de una manera festiva y pacífica expresaron su solidaridad con cientos (¡miles!) de trabajadoras del hogar que trabajan con sus derechos recortados. La marcha lúdica -que fue posible, todo hay que decirlo, por el esfuerzo financiero de muchas ONGs que alquilaron más de ocho autobuses, con sus respectivos refrigerios- fue registrada masivamente por el grueso de los medios de comunicación. Para decirlo claramente, fue la gran noticia de la semana y un éxito mediático redondo para las ONGs convocantes, la gran mayoría coordinadas por la entonces Mesa contra el Racismo.

Sin embargo, fuera de la aparición estelar de Gisela Valcárcel y el espectacular rebote en la blogósfera mundial; no hubo mucho más. No hubo un seguimiento para investigar si las condiciones de las trabajadoras del hogar de Asia habían mejorado. No se practicó ninguna iniciativa legal para averiguar lo mismo. El tremendo esfuerzo de los activistas en esos días no tuvo una continuidad: Pasaron los meses y los problemas reales de las trabajadoras del hogar desaparecieron de los titulares de los medios.

Hoy en día, un año después, los problemas de las trabajadoras del hogar continúan: El grueso de las empleadoras se muestran reacias a firmar un contrato de trabajo escrito, a las trabajadoras se les imponen más tareas domésticas de las pactadas inicialmente, se sigue manejando un regateo humillante de salarios, se les obliga en muchos casos a renunciar a estudiar en sus colegios, se les destina a rincones apartados de la casa sin el agua caliente de sus empleadores, comen aparte las sobras de la familia, se les niega olímpicamente los beneficios de una CTS, se les recorta las vacaciones con alevosía. En los sectores ricos a la trabajadora se le impone un contrato con derechos violados pero “compensados” de paternalismo. En los sectores bajos -donde el trabajo del hogar es abundante, sobre todo el cuidado de niños- se les da propinas por algo que ni siquiera se les reconoce como trabajo doméstico.

Una trabajadora del hogar sigue siendo no sólo una trabajadora altamente vulnerable, es una de las ciudadanas más marginadas de este país.

Un año después, algunos de los activistas se han encontrado con que el Club Regatas Lima –como buena parte de los clubes privados a los que es socia nuestra clase pudiente- mantiene un reglamento denigratorio, obligando a las trabajadoras del hogar a usar zapatillas y a no ingresar en las playas (y piscinas). Un año después, la discriminación existe, continúa y todo dice que continuará.

Pese a todo el rollo mediático no se ha avanzado. La clase dominante –que se las da de muy moderna por sus éxitos económicos- se sigue comportando con modales feudales en su conducta doméstica. A buena parte de los adinerados de hoy les da asco –sí, imbécil, te da asco- que el agua donde se bañan nuestros hijos y nuestras mujeres sea contaminada por la piel de aquellas trabajadoras –indias, cholas, mestizazas, afrodescendientes- que cuidan que el bebe esté protegido, el niño no se ahogue y la niña termine la comida. El nuevo capitalismo peruano del siglo XXI se parece al viejo capitalismo peruano de toda la vida.

Un año después no hemos incluido (¡¡aún!!) en nuestro código laboral cotidiano conductas que son habituales en Inglaterra o Finlandia desde hace casi un siglo. Un año después, el porcentaje de retraso escolar sigue siendo todo un problema para las trabajadoras del hogar. Un año después las quejas de abuso sexual contra ellas abundan. Un año después, aún no se ejerce el sistema de inspección laboral para que se cumplan las directivas de la Ley de las Trabajadoras del Hogar. Un año después aún no hemos sido capaces de tratar a las trabajadoras del hogar como ciudadanas.

El éxito mediático de la Empleada Audaz llevó consigo su fracaso político. Gran noticia en febrero y silencio brutal en el resto del año.

Quienes queremos que las trabajadoras del hogar laboren con sus derechos cumplidos, entiendan que esta NO es una acción de corto plazo. Frente a los oropeles del espectáculo, las cámaras o los micrófonos; las demandas contra los clubes particulares limeños que denigran el trabajo de las empleadas del hogar no se solucionarán con acciones mediáticas. Tienen que ser medidas ciudadanas, que impliquen denuncias legales y un seguimiento efectivo por los problemáticos ministerios de Justicia y de Trabajo.

Amigo, si quieres que una trabajadora del hogar quiera ser tratada como persona, como peruana y (en fin, cosa de los tiempos, es opcional) como hermana; no pidas una extraordinaria ley. Haz que se cumpla la ley existente.

Por lo más pequeño, si quieres, llegamos a lo más grande.

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