Entre 300 y 500 dólares -mucho dinero para una familia promedio- se destinan a la gran celebración en la que las jóvenes posan deshinibidas para dejar testimonio de su curvilínea figura en un álbum que pasará, sin censura, por las manos de abuelas y novios.
"Yo siempre esperé los quince, era lo que más quería en la vida. Me hice las fotos y el video aunque no pude tener la fiesta porque costaba mucho dinero," comentó Yadira, una quinceañera que muestra orgullosa su cuerpo enfundado en un vestido apretadísimo en un video en las afueras del cabaret Tropicana.
Otras, más relajadas, retratan sus voluptuosas formas cubiertas apenas por un sombrero o una tela estampada de leopardo colocadas estratégicamente sobre el torso o las caderas.
La tradición de retratar a las quinceañeras y celebrar en grande la ocasión sobrevivió a los rigores de los primeros años del gobierno de Fidel Castro, cuando costumbres como escuchar música en inglés fueron calificadas como "burguesas." En algunos casos, incluso el arreglarse las uñas o maquillarse entró en esa categoría.
Pero hoy en día incluso recintos dependientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) son utilizados para este tipo de celebraciones que, además de las fotos y los videos, lleva consigo una fiesta en que las muchachas recuerdan a Scarlett O'Hara en "Lo que el viento se llevó."
HABILIDAD Y BAJO PRESUPUESTO
Sin muchos recursos, quienes alquilan trajes, joyas y accesorios los ajustan hábilmente a los cuerpos de las muchachas con alfileres e improvisadas costuras que los hacen parecer "hechos a medida" en las imágenes.
El festín de las apariencias campea entre las jóvenes y sus familias, que se esfuerzan por superar los escollos económicos y financiar los gastos con un sueldo que bordea los 12 dólares mensuales promedio.
La madre de Yadira, quien, como muchos cubanos, gana bastante más dinero en el mercado laboral paralelo que en el oficial, explicó lo que le costó a ella:
"Lo de la niña mía salió 300 dólares o más. Imagínese que yo pago 50 dólares de alquiler. Para mí eso es mucho dinero. Algo logré ahorrar, pero no más de 50 pesos" (equivalentes a 50 dólares), dijo la mujer.
"La niña tuvo la suerte que cuando le tocaron los 15 yo estaba trabajando en una casa con mi marido y recibíamos cerca de 130 dólares entre los dos. Hay quien no puede pagarlo e, imagínese, eso para la niña es triste," añadió.
Las jovencitas de quince años no traslucen aires infantiles, sino que se muestran sensuales en las poses en las que ellas mismas escogen retratarse, chupándose los dedos o a horcajadas sobre un taburete con poquísima ropa.
Por lo general, las fotos y los videos más sugerentes, todo incluido en un paquete que comercializan profesionales o principiantes, se realizan en pequeños estudios o en casas adaptadas para ello.
El capítulo en que las mismas jóvenes lucen como en la época de la colonia española, con sombrilla y abanicos, se rueda en lugares escogidos y reconstruidos de la Habana Vieja: calles empedradas, hoteles tradicionales, carruajes con caballos e iglesias.
NEGOCIO EMERGENTE
El costo del evento es alto. Entre pequeños empresarios -legales o informales- se reparten una torta nada despreciable para los escasos negocios que están en manos de particulares en la isla. Por videos y fotos se cobra entre 60 y 120 dólares.
Los profesionales intentan abaratar a pulso la producción y ampliar sus ganancias incursionando tímidamente en la digitalización.
"Yo estoy empezando en esto. Es más barato hacer el material digital," comenta Fran, un fotógrafo aficionado que trabaja como técnico de nivel medio y que encontró en "los quince" un mercado interesante para reforzar sus ingresos con divisas.
"Aprovecho la tarjeta de crédito de mi padre, que está en Miami, para bajar de Internet imágenes de modelos. Después las niñas eligen en cual quieren aparecer y yo hago el montaje," agregó sosteniendo una botella de ron que aparecerá en la foto elegida por Alicia, la quinceañera de ese sábado.
Un fotógrafo que trabaja en una "Casa de 15," como se conocen los estudios, comentó que pese a que cuenta con licencia para ejercer no le conviene dar a conocer su experiencia, ya que el dinero que gana puede ser considerado un exceso frente al salario de un médico, por ejemplo.
"Aunque yo me ripeo (esfuerzo) tirando fotos y soportando las pesadeces de las chiquitas para ganarme el dinero, si me hago conocido me puede caer gente encima que le parezca mal esto y quitarle la licencia al dueño de la casa," agregó.
Aisa, la madre de una menuda joven de tez morena, no se escandaliza por la suma que ha pagado por las fotos y tampoco por las sugerentes escenas que su hija, de apariencia tímida, ha escogido para retratarse.
"Los quince se viven una sola vez en la vida," argumentó. "Las fotos son muy artísticas, aunque es verdad que se ven mayores de lo que son," coincidió Rachel, mientras su hija atrae a las palomas con trozos de pan para retratarse en una adoquinada calle de La Habana.
Gabriela Donoso
Fotos: Claudia Daut