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La Historia de San Nicolás
Esta santo nació en el siglo III en Patras (Grecia),
en el seno de una familia adinerada. A la muerte de
sus padres regaló todos sus bienes y optó por la vida
religiosa. Con sólo 19 años fue ordenado sacerdote y
pronto arzobispo de Myra. Su fama de generosidad para
con los niños trascendió su región, atribuyéndosele
todo tipo de milagros y leyendas. A una de ellas le
debió el mito de repartidor de regalos, que le convertiría
finalmente en Santa Claus. Y los milagros fueron tantos
que acabó convirtiéndose en patrón de un sinfín de colectivos
(navegantes, boticarios, muchachas...) y de pueblos
(vikingos, rusos...). En el siglo XI, el robo de sus
huesos promocionaron su fama por toda Europa. A mediados
del siglo XIII su conmemoración pasó de la primavera
al 6 de diciembre y su figura se relacionó con los niños,
a quienes dejaba regalos vestido de obispo y montado
en burro. La contrarreforma católica supuso que, sin
renunciar al día de su festividad, pasara a entregar
los regalos el 25 de diciembre, tal y como lo hacía
el Niño Jesús según la tradición de esos tiempos y que
aún hoy continúa en algunos puntos de Latinoamérica.
La
Leyenda de las Tres Hermanas
En
Patras, la ciudad que vio nacer a San Nicolás, había
tres hermanas cuyo padre se había arruinado, por lo
que no se podían casar al carecer de dote. Su progenitor
resolvió entonces, muy a su pesar, venderlas según fueran
alcanzando la edad de desposarse. Cuando iba a ser vendida
la primera, San Nicolás se enteró de lo que ocurría
y lanzó en secreto a través de una ventana una bolsa
llena de monedas de oro que fue a caer en un calcetín
puesto a secar en una chimenea. Lo mismo hizo cuando
le tocó el turno a la segunda. El padre, extrañado,
quiso descubrir lo que pasaba y permaneció espiando
toda una noche, por lo que reconoció a San Nicolás y
pregonó su generosidad a todo el mundo. Esta fábula
le dio su fama de repartidor de regalos.

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