Si los pueblos alejados no pueden ir al cine, entonces el cine va hacia los pueblos alejados. Así podría resumirse la labor de la organización “Nómadas”, un grupo pequeño de personas que, con un equipo de proyección móvil al hombro, viajan hacia los extramuros del país para dar a conocer a esos habitantes, a menudo olvidados, la existencia de un arte como la cinematografía que no es otra cosa que la puerta de ingreso hacia nuevos mundos.
La idea de intercambio cultural parece encontrar la forma perfecta en la exhibición de películas en lugares recónditos que jamás han gozado de la fascinación por contemplar una historia en la pantalla gigante. Ya sea en alguna zona de la sierra y la selva peruanas o en la frontera misma, un gran rectángulo de luz busca iluminar por unos minutos las vidas de un grupo de personas que han permanecido por tanto tiempo ajenas al placer de contemplar una cinta.
Como Fitzcarraldo, la monumental película de Werner Herzog, aunque sin la necesidad de llevar un barco al Amazonas, pero sí recorriendo en una camioneta los alrededores del Titicaca, la gente de Nómadas proyecta de forma gratuita una serie de películas de ficción y documentales en una pantalla inflable que, por unos momentos, paraliza la ciudad de turno que permanece fascinada ante la aparición de esos personajes en los cuales, muchas veces, puede verse reconocida.
La española Teresa Castillo y el peruano Aldo Callegari conforman ese loco de dos cabezas que tuvo la feliz imagen de la pantalla de cine errante puesta al servicio de los pueblos olvidados. Como muchas cosas en la vida, la idea surgió como jugando, tras la necesidad de implementar una forma original y amena de sensibilizar y educar a la gente.
La gente de Nómadas lo tiene muy claro, existe un mundo activo que las poblaciones marginales no pueden ver. Ese estancamiento sólo puede ser roto con la presentación de imágenes en movimiento que sólo el cine puede otorgar. La vida de las comunidades campesinas e indígenas cambia por un breve lapso y es transportada a un mundo de fascinación.
Días de Santiago, La Espalda del Mundo, La Prueba, Paloma de Papel y una gama de películas latinoamericanas ya han sido proyectadas en las fronteras Perú-Ecuador y Perú-Bolivia, además de varias otras ciudades en nuestro país, en lo que se ha proyectado llamar una primera etapa. Muchos directores se han sumado a la labor de esta aventura tan conmovedora como necesaria.
Llegar y convertir una parte de la selva peruana en una enorme sala de cine verde oscura es la gran historia que ha empezado a escribir Nómadas. Pero no es suficiente llegar y luego irse. Lo que ese grupo de gente busca es llegar y regresar. Regresar para darse cuenta que las vidas de esas personas que permanecen anónimas ya no son las mismas gracias a esa verdad (24 veces por segundo, Godard dixit) que es el cine.
Fernando Vega Jácome
* Imágenes de video y fotos, gentileza de Nómadas.