Uno: Peleas maritales; dos: hombres y mujeres en busca de su pareja ideal; tres: humillaciones públicas y lo peor...televisivas. Millones de personas que pugnan por destacar con talento o sin él. Todos piden una oportunidad, cada casting es una nueva ocasión para llegar a la fama: cantando, bailando, ¿soñando?… ¿qué no se ha visto en estos últimos años en los llamados reality shows? Los resultados van desde reconstruir una iglesia hasta viajar a los Estados Unidos, comprarse una casita o tener el mototaxi propio, toda una ilusión por cumplir.
La tradición de los realities data de algunos años atrás en el Perú. Desde la inefable Laura Bozzo hasta el “cabezón” Jaime Lértora, pasando por la “suavecita” Mónica Zevallos hasta llegar a los amenos Súper Star y Camino a la Fama, ambos, de rating favorable.
Pero estos programas parecen haber llegado a su pico de popularidad con la “señito” Gisela Valcárcel. Luego de su exitosa temporada en Panamericana Televisión, pasó a las filas de América TV y ahora, cada fin de semana, hace soñar a concursantes y televidentes con su programa El Show de los Sueños, donde se ve desfilar a una hilera de artistas, moviendo el esqueleto, brincando, cantando. El rating le sonríe y parece no tener competencia (ni el romance de Álamo con Jessica ventilado en Fuego Cruzado, logró arrebatarle algunos puntillos).
Por ello, la pregunta resulta conveniente: ¿Para cuánto tiempo más tiene este fenómeno que parece no cansar al televidente sabatino? ¿Llegará a su fin? ¿Aburrirá al espectador?
Paul Potts, el británico que sorprendió al mundo con su potente voz en el programa Britain's got Talent, tiene muy bien definido el panorama: Mientras exista una industria televisiva que financie dicho negocio, los reality shows tienen asegurada su permanencia en la pantalla chica.
“Estos programas nunca van a desaparecer porque siempre existirá gente con talento y empresas poderosas que estarán dispuestas a mostrarlas al mundo”, declaró en entrevista con Terra Perú.