Pero la gran pregunta es ¿por qué reivindicar lo imperial? La respuesta es sencilla para Mujica: “Lima es una de las pocas ciudades de América Latina donde el gran discurso es el haber pertenecido a una clase alta empobrecida (…) se habla de un pasado con abuelos con haciendas, apellidos, escudos de familia y árboles genealógicos rastreables en Europa (…) muy diferente a otras clases medias de la región”. Dura pero contundente, esta es la conclusión del experto.
¿Y el factor racial?
¿Y dónde queda el factor racial? -Sí, el mismo que llevó a casi el 100 por ciento de consultados al azar en las calles a considerar impensable la existencia de neonazis en nuestro país- bueno, al parecer los hitlerianos “made in Perú” prefieren centrarse en el antisemitismo y convivir más o menos pacíficamente con las demás razas.
Pues “qué les queda” parece ser la respuesta lógica en un país como el nuestro, que no se caracteriza, precisamente, por ser cuna de rubios niños con ojos azules. “En cierta forma la cuestión racial es importante entre los llamados neonazis o fascistas peruanos…pero no llega a ser tan determinante porque hay una especie de reconocimiento tácito a la compleja realidad pluriracial que hay en el Perú”, señala a su turno el antropólogo Gabriel Calderón.
Radicales, extremistas o como quiera considerárseles, no son muchos, según los especialistas, pero no deben ser subestimados…se les debe tomar atención. Pero tal vez la atención no debería estar dirigida, en primera instancia, en el escenario público, sino en un espacio más íntimo.
La psicóloga forense Tesania Velásquez de la Universidad Católica, comenta sobre la consabida e incansable búsqueda de los jóvenes (por lo general entre los 15 y 22 ó 23 años) de pertenecer a algún grupo y así, tener un referente. “Eso es importantísimo para ellos”, señala.
Pero una cosa es unirse a un inocente club, a un equipo de fútbol y otra es enrumbar hacia barras bravas o movimientos como los de corte neonazi. “En una sociedad violenta es más frecuente de lo imaginado que los jóvenes se unan a grupos violentos”, simplifica Velásquez.
Hoy Hitler, mañana...
La suerte o la mala suerte pueden determinar que la natural necesidad de pertenencia de los adolescentes y jóvenes los lleve a uno u otro lado de la valla; sin embargo, hay factores de riesgo.
“Lo que encontramos frecuentemente en jóvenes infractores es que no tienen referentes en la familia y han sufrido de la falta de cuidado de figuras importantes en la primera infancia (…) sienten que nadie los cuidó, que nadie se preocupó por ellos, por lo que no tendrían que hacer lo mismo con los demás”, advierte, al referirse a casos extremos.
Así las cosas, parece cada vez más evidente que no importa si se trata de un grupo neonazi, una barra brava o una pandilla. Es un albur. “Hoy puede ser la esvástica y Hitler y mañana serán otros símbolos y otros referentes”, es la sentencia cruda en la que coinciden todos los expertos entrevistados. Nos quedamos con ese pensamiento: Hoy son los neonazis ¿Qué vendrá después?
Verónica Ortiz