A la altura del kilómetro 37 de la Panamericana Norte se encuentra La Sagrada Familia, un hogar de niños abandonados que ha dado pie a la más loable y hermosa locura que haya transitado por el cerebro de Juan Pablo Olivares, un joven ingeniero industrial que pretende correr 226 kilómetros para recaudar dinero, a fin de atenuar las necesidades materiales de estos niños.
''La asociación es totalmente simbólica. Yo estoy compitiendo en esta carrera a modo de excusa para convencer a la gente. Para llegar a ti y sensibilizarte con esta comunidad de niños''.
Este nutrido grupo de pequeños que ha despertado el espíritu altruista de Juan Pablo, debe su origen a un penoso suceso ocurrido hace dos décadas en un hospital limeño.
''La muerte de mi hijo me cambió la vida. Ese mismo día en que falleció, me encontré con otros dos niños que reclamaban asistencia médica, pero no los atendían porque no tenían dinero'', recuerda Miguel Rodríguez, fundador de La Sagrada Familia.
''Esa tarde entendí que había que iniciar una guerra, una guerra contra la pobreza que los niños la estaban perdiendo. Fue así que recluté a cuatro niños de la calle, luego fueron ocho, diez con mis hijos, y la cosa fue creciendo tanto que tuve que mudarme a este arenal hace 20 años. Hoy tengo 730 niños''.
730 niños de la calle que han sido integrados moral y materialmente, que conviven en tres pabellones como una verdadera familia, y que además, autofinancian la comunidad a través de los talleres de formación que reciben en cerámica, costura, hidropónica, carpintería y panadería.
''Siempre había tenido la idea de hacer algo deportivo a favor de alguna comunidad, y cuando conocí a Miguel y di con La Sagrada Familia supe que éste era el momento'', relata Juan Pablo.
La demencial prueba física que abnegadamente amenaza con cumplir este exitoso ingeniero es conocida como Ironman, y contempla 4 kilómetros de natación, 180 de recorrido en bicicleta y 42 kilómetros de maratón. Todo en ese orden y sin pausas. Y aunque él asegure que lleva una vida dedicada al deporte, confiesa que nunca ha participado en una disciplina como en la que competirá este 31 de mayo en Brasil, con más de 1400 atletas.
''Todos podemos correr un Ironman. Físicamente es complicado llegar bien preparado. El tema es mental. Yo me he propuesto recaudar 500 soles por cada kilómetro que voy a recorrer. La carrera tiene 226 kilómetros, lo que da un total de 113 mil soles, que es justo la suma que necesitan en la comunidad para concretar algunos proyectos que van a asegurar su sustentabilidad en el futuro'', sostiene.