Autolesiones 2 – Indicios y personalidad limítrofe
Autolesiones: Jugando con la muerte
Puede parecer un trastorno reciente, un mal moderno llegado junto con la adicción a los teléfonos celulares, a las cirugías plásticas o a internet, pero no es así. La autoinjuria, conocida también como autolesión -peligrosa práctica que consiste en dañarse uno mismo- es tan antigua como los problemas y desórdenes mentales que la provocan.
En el Perú no existen estadísticas sobre esta nociva ‘costumbre’, y menos aún, cifras reales, teniendo en cuenta que quienes se autolesionan (básicamente mujeres de entre 12 y 25 años) suelen esconder las marcas que dejan las agresiones que se infligen y solo acaban en el consultorio de un psicólogo o psiquiatra cuando, como consecuencia del mal cálculo, sus seres más cercanos notan lo que hacen y los arrastran primero a un hospital o clínica y luego a una cita con un especialista.
Las autoinjurias –habitualmente adictivas- se manifiestan en diferentes formas: la más frecuente es el cortarse en los brazos (‘cutting’), antebrazos y piernas utilizando algún objeto metálico; pero también son más o menos comunes el quemarse, golpearse en la cabeza y jalarse los cabellos hasta arrancarlos (tricotilomanía).
Algunas otras variedades de autolesiones son el no dejar cicatrizar las heridas, así como el abuso del alcohol, cigarros y las drogas; y los ‘atracones’ de comida, siempre que la intención sea causar daño, aunque sin llegar al suicidio.
“Para hacer el diagnóstico de este tipo de problema la intencionalidad tiene que ser el no suicidio, pero en algunas ocasiones se puede llegar a él involuntariamente”, afirma el psiquiatra del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, Guillermo Ladd, quien cita como ejemplos más comunes, la intoxicación por exceso de pastillas o un abundante sangrado tras un corte en la piel.
El médico apunta, asimismo, que las autolesiones son, ante todo, un grupo de síntomas detrás de los cuales se pueden encontrar la depresión y los trastornos alimenticios, pero en especial, desórdenes de la personalidad; principalmente el llamado ‘borderline’ (personalidad limítrofe). Este último se caracteriza porque el individuo presenta inestabilidad emocional, problemas para relacionarse con los demás, intolerancia al abandono, impulsividad e inclinación al suicidio.