Autolesiones 2 – Indicios y personalidad limítrofe
Autolesiones: Jugando con la muerte
Quienes recurren a las autolesiones lo hacen, por lo general, porque no encuentran otra manera de aliviar emociones intensas como la rabia y frustración o porque se sienten devaluados o heridos en su autoestima. También están quienes se golpean porque se perciben irreales y el castigo y las agresiones los “aterrizan” como seres que existen.
Otras motivaciones que pueden gatillar los cortes, quemaduras y golpes son el querer escapar de una realidad que apabulla al afectado; o la sensación de no tener nada bajo control, siendo el cortarse o dañarse, algo que sí se puede 'manejar'.
Atrapar a este sigiloso y escurridizo trastorno parece una tarea difícil. Afortunadamente, existen tratamientos con medicamentos y terapia que pueden mantenerlo a raya con relativa eficacia; sin contar con el atenuante, casi casi divino, de que a cierta edad el impulso destructor suele detenerse o apaciguarse.
“Por lo general, las personas con este tipo de problemas paran después de los 25 años porque el sistema nervioso tiende a madurar y disminuir la impulsividad”, señala Ladd.
Teniendo en cuenta el secretismo de esta actividad, es probable que tengamos a nuestro alrededor personas que se dañen y no lo sepamos. Ya que es poco factible tener pistas por ese ángulo, existen algunos indicios que pueden considerarse: Quienes sienten que no tienen apoyo emocional son hasta tres veces más propensos a autolesionarse, al igual que los solitarios o los que se sienten solos (que no es lo mismo) y aquellos que encuentran muy difícil lidiar con las dificultades de la vida diaria. Los cortes y cicatrices, aunque pretendan ser ocultados, son un contradictorio llamado de ayuda que no debería ser ignorado.