Fobias: Cuando el temor va más allá de lo racional
Las fobias son de dos tipos: específicas –que implican situaciones que suponen una posible amenaza la vida- y las fobias sociales, en las que el paciente siente temor ante toda circunstancia de interacción social.
Señales para identificarlos
Quienes están atrapados en la telaraña de las fobias sociales suelen ser individuos aislados, reservados, con tendencia a evitar a la gente y las reuniones sociales. Sus limitaciones pueden llegar a extremos sorprendentes, como el tener problemas para comer en público y hasta para hablar por teléfono.
La línea entre timidez extrema y fobias sociales se vislumbra borrosa, mientras que es un poco más sencillo identificar a quienes sufren de fobias específicas: Reacciones extremas ante un objeto, ser vivo o situación en particular.
Desde las arañas hasta...los botones
Las fobias a las arañas (aracnofobia), a las alturas (acrofobia) y a los espacios cerrados (claustrofobia) son algunas de las más conocidas. Atención especial merece la agorafobia o temor exagerado a los espacios abiertos, que impide a quienes la padecen, siquiera salir a la calle so
“pena” de sufrir angustia, experimentar falta de aire y hasta desmayarse.
Aunque no están catalogados como fobias (sin diagnóstico previo), existen otros temores exagerados que provocan los mismos síntomas que una fobia: evitación del objeto al que se teme y manifestaciones físicas de ansiedad generalizada.
Estos miedos suenan delirantes e incluyen el temor a los botones, a las manijas de las puertas, a los médicos, al polvo, al viento, a los chinos, alemanes, ingleses; temor a sentarse, a mirar hacia arriba, a la nieve, a los relojes, al tiempo, al sexo, a dormir, a trabajar, a las escuelas, a los términos griegos, a los órganos sexuales, a la música, a los niños, a la simetría, al viernes 13, al amor y a una lista que parece nunca acabar; lista que no podría cerrarse sin mencionar el tal vez más redundante de los miedos: el miedo a tener fobias.