La batalla de Iwo Jima y la historia de una fotografía que dio la vuelta al mundo
Una foto correcta puede ganar o perder una guerra. La imagen, casi por sí sola, cambió todo. Fue la primera página en todos los diarios. Al ver la foto, millones podían creer que el sacrificio no había sido en vano. Difícil de creer pero sucedió: el país estaba en bancarrota, pero la gente compró los bonos de la guerra, recaudando mucho más de lo que se esperaba.
Para sanar las heridas
Bradley dirige hace nueve años una fundación de paz, una idea cuyo germen estuvo en sus años de estudiante, en Japón. “Mi padre flameó la bandera en Iwo Jima y fue un símbolo de la oposición en los japoneses. Su hijo, la siguiente generación, es decir yo, fui a un colegio en la capital enemiga”.
El propósito de esta fundación es enviar a estudiantes americanos a colegios japoneses y chinos; éstos pasan un año viviendo con familias orientales. “La idea es esta: yo escribo libros acerca de las batallas entre americanos, japoneses y chinos, todas en el Pacífico, donde muchas personas murieron; mi esperanza es que estos jóvenes regresen a los Estados Unidos con otra mentalidad y la próxima vez que discutamos o vayamos a pelear, ellos hagan la diferencia”.
Después de haber dedicado cinco años de su vida reconstruyendo esta historia, James está convencido de que los protagonistas de Iwo Jima sí fueron héroes, aunque respeta la postura de papá, aquella que mantuvo firmemente desde los 22 hasta los 62 años. La misma de los seis miembros de la compañía Easy.