Unos pasos más allá vemos lápidas sorprendentes, como la de José Carlos Mariátegui, en la que se lee “¿Sabéis quien es Mariátegui? Pues bien, se trata de una nueva luz de América, el prototipo del nuevo hombre americano. Asimismo, se observan los nombres de otros no menos importantes como Ciro Alegría y Ricardo Palma.
Resulta interesante visitar la tumba del poeta moderno José Santos Chocano, quien es el único que se encuentra enterrado de pie.
Quizás el personaje más solicitado de este panteón es el niño Ricardito. Su nombre completo es Ricardito Espiell Barrionuevo, uno de los niños milagrosos que alberga el Presbítero Maestro. Este pequeño murió a los siete años y su padre decidió hacerle una estatua en su honor, en el cuartel para párvulos. En su lápida sólo dice FETO. Nadie sabe su origen, pero su nicho siempre permanece en buen estado pues se asegura que realiza milagros. Dicen que lo han visto hablar, jugar, correr y hasta tomar una combi en la avenida Brasil.
Otro personaje querido es Sor Maria Inés de la Cruz, una religiosa terciaria de la orden de Nuestra Señora de las Mercedes, quien se dice fue una mujer admirable y de dones sobrenaturales. Por esas razones se le nombró santa popular. Además se cuenta que cuando eran tiempos de saqueo en el cementerio, nunca se atrevieron a tocar su nicho y que cuando descargaron su ataúd, se escucharon las campanas de todas las iglesias de Lima. En su tumba nunca faltan flores y velas, pues muchos fieles vienen a pedirle favores y milagros.
A pesar de que algunos guías no querían ir al siguiente pabellón, la curiosidad de los visitantes empuja a algunos a ingresar en uno de los más alejados del cementerio.
“Aquí se encuentran los que nunca tendrán descanso eterno”, nos cuenta una de las guías. En esta parte del cementerio se encuentran los suicidas. Es un pabellón especial, pues numerosas leyendas de amores prohibidos y crímenes pasionales abundan por detrás de esas paredes. Se encuentran ahí porque antiguamente se creía que los que se habían matado, o también si eran de otras religiones como los chinos, no merecían sepultura en camposanto.
Al final de recorrido se ubica la Cripta de los Héroes, donde se encuentran enterrados todos los héroes de la Guerra del Pacífico. Grau, Bolognesi y Cáceres descansan en esta capilla fúnebre junto a otros 294 cuerpos identificados.
Alumbrados por las antorchas, los visitantes se van retirando mientras a lo lejos se escuchan las últimas historias de los guías motivados por algún curioso que se quedó con una duda.
Definitivamente, de noche el cementerio se transforma y más aún con las visitas que alteraron la paz que se respira en este lugar. Con permiso de los muertos, nos retiramos, llevándonos una parte de sus historias.