“Él dice que estamos mintiendo y yo no tengo por qué mentir. A mí no me interesa de quién se trate. Mis fotógrafos no tienen por qué mentir. Se amanecen en la calle vigilados permanentemente por sus jefes. ¿Saben lo que significa una cosa de esta naturaleza: que te digan que Paolo Guerrero está en el Bohemia? Nos despertamos todos porque era ¡el ampay!”
“A la hora de lo periodístico no tengo amigos. Soy una mujer que no siente asco ni pena la persona que es ampayada, porque yo no le debo absolutamente nada a nadie”
“Si el señor salió a tomar el té, como él dice: el vienes de seis a ocho, pues nosotros, en nuestra revista, afirmamos lo contrario. Nuestros periodistas obtuvieron el dato y llegaron al lugar a las 8:10 p.m. (Paolo) estaba en el restaurante Bohemia de Miraflores con su amiga, la que debe ser más importante que la camiseta peruana y el enfrentamiento con Brasil. (Imagino que para ir) él tuvo que salirse, escaparse, en ese veloz carro que ni usted ni yo podríamos comprar”.
Confiaba en su versión
“No tengo por qué mentir. Nunca he mentido. Mi carrera no está manchada por mentiras. Sí, me ganaron un juicio, pero no fue por una mentira. Yo no miento”.
“Él mismo se ha echado la soga al cuello. Tengo muchas más cosas por decir. No voy a permitir que en este programa se diga que hablamos sandeces”.
“Has tenido pundonor y camiseta por eso era increíble saber que un hombre como tú estuviera saliendo de su concentración”
“Yo no soy un diario chicha, no pongo a andar rumores. Todo lo demuestro con fotos, es una ley de este programa”.