Sobre un escenario despojado de cualquier artificio para una banda que lindó con el exceso tecnológico en los ochenta,
Duran Duran salió a lucir su música y no los aditamentos que actualmente acompañan a los artistas para ocultar ciertas flaquezas. Y es que lo mejor del show fue, sin lugar a dudas, ver tocar al bajista
John Taylor (un espectáculo aparte), escuchar la voz de
Simon Le Bon y reencontrarnos con el sonido básico de
Roger Taylor en batería.
Hubo momentos en los que Duran Duran lució esa solidez con la que se encumbró en sus años dorados. Por ejemplo, “A View To A Kill”, con una correctísima versión muy rockera; “Save A Prayer”, que tuvo un final más electrónico de lo acostumbrado; y la celebradísima “The Reflex”, un verdadero clásico de la banda que elevó el éxtasis del público, en su mayoría hombres y mujeres que pasaban los 30 años.
Banda conectó con el público durante todo el show
Pero también hubo instantes lights, otro de los lados más efectivos del combo inglés. Y para eso fue suficiente escuchar por los parlantes “Come Undone”, un éxito algo oculto en su discografía; y “Ordinary World”, acaso el último gran hit de la banda británica, que ni siquiera flaqueó cuando no conectaba con el público al tocar los temas de sus dos últimos álbumes, “Astronaut” y “Red Carpet Massacre”.
Por el contrario, lo que Duran Duran presentó a los peruanos fue una fiesta de dos horas de duración que se inició con “Planet Earth” y culminó con “Rio”, sinónimo de que pese a los años el ahora cuarteto mantiene ese espíritu provocador, vital y moderno con el que aterrizó por Lima, casi 30 años después de convertirse en uno de los grupos más importantes del mundo. No importa, lo siguen siendo.
Juan Carlos Cabrera - Terra Perú
juan.cabrera@corp.terra.com.pe