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Fue un 8 de marzo de 1983 en Miami

Sábado, 08 de Marzo de 2008

Se conmemoran 25 años de la muerte de Chabuca Granda

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"O regreso operada o no vuelvo", dicen que juró Chabuca antes de subir a ese avión que tomó en el Jorge Chávez aquel 13 de febrero de 1983. Se iba a tratar un mal en EEUU, y nunca más volvió.

Chabuca Granda Difusión Chabuca Granda
Difusión

Nació el 3 de setiembre de 1920 en Apurímac, en un asentamiento minero que administraba su padre. Hasta los cuatro años de edad escucharía como canción de cuna los huainos.

Ese 8 de marzo, tras cuatro días en coma, Chabuca partió a encontrarse con la eternidad. La última ciudad que vio fue Miami, esa urbe de plástico y palmeras donde normalmente no mueren los genios de la música latinoamericana, pero que también sabe de excepciones.

Uno se pregunta dónde radicó su secreto para renovar la música solo con un guitarra y una voz. Y no hay respuesta convincente. Tal vez esté en los orígenes de Chabuca. Nació el 3 de setiembre de 1920 en Apurímac, en un asentamiento minero que administraba su padre. Hasta los cuatro años de edad escucharía como canción de cuna los huainos.

Después, vino a Lima, la ciudad que redefiniría musicalmente. Primero, a una casa de la avenida Tacna, y desde los siete años, en el Barranco que no abandonaría su historia. Se casó con Eduardo Fuller, pero a los 30 años se divorció con tres hijos, probablemente porque su espíritu buscaba con ansias la independencia.

Chabuca tenía el carácter fuerte, pero no era una cucufata. Le gustaba bailar diversos géneros con esa altivez suya, que eran casi su marca. Y tanto le gustaba la salsa que hasta compuso “Carnaval de las calles”, que en la década de 1990 grabó Milagros Hernández. Tal vez haya otras respuestas a la calidad de su canto. Trabajaba sus composiciones de madrugada con letra de mujer enamorada, que hoy escasea, y por ello el teléfono de su casa se descolgaba por las mañanas, para no molestarla.

Mujer sabia, le dijo una vez a Cecilia Barraza –en 1971– que no podía cantar “Cardo y ceniza” porque era muy mocosa para sentir la experiencia de una mujer mayor a quien deja un hombre joven. Tenía mejor oído, y por ello tuvo otros hijos que se le sumaron en las giras, los discos y la vida: los guitarristas Lucho González y Félix Casaverde, y el cajonero “Caitro” Soto, por ejemplo. Y para no estar alejada de las tendencias también tenía discos de Pink Floyd y Rolling Stones. Buena oreja.

Algunos círculos decían que era pituca y contrarrevolucionaria, por cantar “José Antonio” o “Zeñó Manué”, pero ella ponía el arte encima y motivaba a gente como “Kiri” Escobar para que continuara haciendo canciones. Ella misma dedicó temas a Javier Heraud y Violeta Parra.

Y con alma heroica, un año antes de su muerte, creó una baguala para los soldados argentinos que combatían en la guerra de las Malvinas. Fue amiga de grandes y homenajeada por gigantes del verso popular de todas partes de Hispanoamérica.

Si bien Chabuca no paró de cantar a Lima, se dice que en vida fue más querida en Argentina y México. Y esa será una llaga que los peruanos llevaremos por ese (mal) gusto de menospreciar a nuestros talentos. Hoy es buen motivo para honrar y descubrir su canto.

Andina

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