

Es un referente del teatro comercial en el Perú. Argentino de nacimiento, estudió en Italia y llegó al Perú como galán de telenovelas. Desde 1976, dirige el Teatro Marsano donde ha realizado más de 100 obras. A sus 78 años, vive en Villa La Encantada con perros, gatos, gallinas, conejos y tortugas. Ha publicado tres novelas y duerme en sábanas perfumadas. Es un esteta de tinte wildeano: le gusta la armonía y piensa que la frivolidad es parte de la cultura.
En esta entrevista, Cattone despotrica contra el establishment cultural, la televisión, la crítica literaria y la bohemia barranquina. Recuerda la imposibilidad de un amor homosexual y la época en que tenía sexo tres veces al día. Habla de su amistad con Susana Giménez, evoca una cena con Julio Ramón Ribeyro y dice que Tinelli es un bastardo. Confiesa su intimidad sentimental y afirma que puede ver elefantes azules sin jalar cocaína.
¿Cómo has sobrevivido tantas décadas en el teatro peruano?
Tuve la habilidad, que ahora la tienen varios exitosos, de ver mi trabajo también como un negocio. Venía con el background de Italia y de Argentina, y eludía un poco la “bohemia barranquina”, donde el arte asumía una actitud tan separatista. Por un lado lo artístico y, por el otro, lo comercial apestaba. Ahora todo el mundo quiere vivir dignamente de su trabajo. Inclusive la Católica o la Plaza ISIL hacen intentos comerciales para que la gente vaya. No se puede sobrevivir sólo con obras como “La Puerta del Cielo” o “La Reina de la Belleza”, que es espléndida, pero no tienen un gran público como “La Jaula de las Locas”, “La Pulga en la Oreja”, o “Perú Jaja”. Yo he querido hacer cosas que me den satisfacción y vivir de eso Y lo conseguí. No era prostituirme, no era hacer el amor por plata; sino hacer el amor con alguien rico, que además me gustase.
Más allá de las oportunidades laborales y de desarrollar tu carrera artística, ¿qué te atrajo de este país?
Un país no es el mar ni las montañas ni los edificios. Un país es la gente que lo habita. Puedes estar en Nueva York, una ciudad espectacular con una variedad enorme de posibilidad artísticas, y suicidarte de todas maneras. Yo me di cuenta de que acá había calidez en la gente hacia este extranjero que llegaba con una cierta fama de galán. Era joven, buen mozo. Y sentí que por donde iba producía algo, que cuando hablaba pasaba algo, que conectaba más que en mi país. Además, yo fui siempre nómada. Nací en Argentina, pero soy hijo de italianos. Viví y me eduqué en Italia. De alguna manera no tengo el concepto de patria. No extraño el tango, ni el bife de chorizo, ni nada de eso.
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