La escena inicia cuando la familia
Simpson busca a
Bart, quien se ha perdido en
Machu Picchu.
Homero,
Marge,
Lisa y
Maggie, buscan al pequeño travieso montados sobre unas llamas nada menos que en el
Huayna Picchu, mientras el rechoncho papá amarillo mastica unas hojas de coca “que le ayudarán a encontrar a su hijo en el paraíso detrás de las nubes”, en referencia al famoso monumento arqueológico peruano.
Historia juega con la ficción y hasta exagera datos
Al llegar a la ciudadela, Marge grita el nombre de su hijo; Homero cree haberlo encontrado, pero es engañado por un arbusto. “Obviamente, esto es obra de Huiracocha, ese Dios tramposo”, dice el papá Simpson. Agotada por el viaje, Marge decide descansar debajo de la estatua de un inca y tiene una visión. “Saludos, mamá del cabello con forma de cielo y sol”, le dice el inmenso guerrero peruano, ante el susto de la pelilarga.
“No necesito un amigo en este momento, sólo estoy buscando a mi hijo, necesito protegerlo de él mismo”, le responde mamá Simpson. “¿Como las antiguas madres de Machu Picchu protegían a sus hijos?”, replica el inca. Acto seguido, Marge tiene una alterada visión de nuestros antepasados, mientras el inca le cuenta “lo sobre protectoras” que eran las mujeres con sus hijos, lo que facilitó a que los niños crezcan alejados del miedo y también del conocimiento, algo que falsea nuestra historia y que fácilmente creará polémica entre los más conservadores.