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Sato
Los japoneses
El primer gran contingente de inmigrantes japoneses llegó al Perú en el "Navío de los Cerezos", el Sakura Maru, el 3 de abril de 1899. Eran 790 varones entre 20 y 30 años que venían a trabajar en las haciendas de la Costa para reemplazar a los coolies chinos: campesinos pobres de las regiones de Okinawa y Kumamoto, que venían al Perú para escapar a la miseria, al amparo de un tratado de Amistad, Comercio y Navegación firmado en 1873 entre ambos gobiernos. Hasta 1923, fecha en que cesó la inmigración por mutuo acuerdo, habían venido al Perú 18.164 japoneses repartidos de la siguiente manera: 15.655 varones, 2.302 mujeres, y 207 niños.
Los japoneses trabajaban en las haciendas de lunes a sábado y de sol a sol, y eran vistos con recelo por chinos y negros, con quienes competían en el mercado laboral, y por eso desde muy temprano se mezclaron con la población indígena y mestiza, con quienes encontraron una serie de afinidades. A pesar de las circunstancias adversas, la gran mayoría de los emigrantes japoneses se quedó en el país, con la esperanza de hacerse ricos, porque había cobrado vigencia el mito del Perú: País del Oro y de las oportunidades. Y antes que hubieran expirado sus leoninos contratos, los emigrantes comenzaron a dar pruebas de su industriosidad, capacidad de trabajo y honradez, y la mayoría de ellos se dedicaron más bien al pequeño comercio y a los servicios, estableciéndose principalmente en Lima, y en las ciudades del litoral.
Rosita Yimura
En los años '20, ya La Colonia tenía su propio periódico impreso en caracteres japoneses, el Nippo Shimpo, y era demasiado pujante al parecer de algunos, porque tenía 27 colegios donde se impartía una educación en lengua japonesa, con 150 profesores venidos del Imperio del Sol Naciente. El colegio más grande, Lima Nikko, reconocido por el Ministerio de Educación del Japón, llegó a contar con más de 1.600 alumnos. Los niños eran educados en la lengua y la cultura japonesa, y no aprendían castellano, porque el sueño de los inmigrantes era enriquecerse en el Perú, o sea "hacer la América" y regresar a su Japón natal para vivir felices y comer perdices, cosa que muchos lograron, pero la mayoría no tuvo acceso a semejante bienestar.
En 1921, para el Centenario de la Independencia del Perú, la Colonia Japonesa por erogación interna hizo un significativo regalo al Gobierno Peruano, como es la estatua de Manco Capac, fundador del Tawantinsuyo que se colocó en la plaza que lleva su nombre, en el populoso distrito de La Victoria. Con este gesto se quería expresar el reconocimiento de los inmigrantes hacia la tierra que los acogió, pero esto comenzó a inquietar a los nativos, que veían crecer día a día el poder de esa Colonia, que se negaba a hablar la lengua del país, vivía inmersa en su propia cultura, y se mostraba mucho más interesada en las noticias procedentes del Lejano Oriente -ya soplaban vientos de guerra- que en lo que acontecía en el país.
El 13 de Mayo de 1940, la turba de los barrios de Lima, azuzada sin duda por intereses políticos, saqueó los negocios de los japoneses sin ser inquietada por la policía. Hubo al menos diez japoneses muertos, y decenas de heridos en esas penosas escenas de violencia, en que los Colegios Japoneses fueron principal blanco de la vindicta. El Gobierno Peruano, aliado natural de los americanos, y a la sazón conducido por el presidente Manuel Prado, (1939-1945) decidió descabezar a la poderosa Colonia, que se percibía como un peligroso aliado del Gobierno Nipón, clausurando la Sociedad Central que agrupaba todos sus organismos generados, y confiscando su cadena de colegios. Igualmente se confiscaban las propiedades de los inmigrantes, permitiendo sólo el funcionamiento de comercios menores.
Poco después declaró la guerra al Japón, deportando a California a todos los japoneses sospechosos de actividades políticas a favor del Eje, conformado por La Alemania nazi, La Italia fascista y El Japón imperial. Como consecuencia de esos decretos gubernamentales, 1.771 inmigrantes fueron deportados a campos de concentración americanos, principalmente Cristal City (California) y 343 regresaron al Japón.
Y es entonces cuando se operó un cambio histórico en la Colonia Japonesa, porque sus integrantes decidieron, sin duda empujados por aquellas dramáticas circunstancias, quedarse en el Perú, adaptarse a las costumbres peruanas, aprender su lengua, e incluso hacerse cristianos. Los nisei -que en japonés significa "primera generación nacida en el extranjero" -nacieron en aquel momento.
Esta primera generación nisei, de chicos educados a la peruana, decididos a quedarse en el país y abrazar la nacionalidad peruana, fue tremendamente exitosa, pues no sólo produjo un cúmulo de profesionales, empresarios y hombres de cultura, sino que se cobró su revancha histórica al tener a un nisei en la Presidencia de la República, como lo fue el Ingeniero Alberto Fujimori Fujimori, que gobernó a los peruanos durante una década (1990-2000) pero dejó una estela de corrupción, robo y latrocinio, destruyendo las instituciones del Estado Peruano, y liquidando en poco tiempo la reputación de honradez que pacientemente los inmigrantes se habían forjado.
Sato y Liliana Cam
A principios de los '80 comienzan a florecer los primeros Restaurantes Nikkei, con una propuesta gastronómica distinta: se trata de una cocina japonesa-criolla, que aliaba al rigor nipón la salsa sabrosa y el rocoto peruano, y proponía al comensal una serie de platos inéditos en estas caletas: Caracoles de Mar en Salsa de Siyau, con su rocoto más, Sudado de Chita con su kión más, Pulpo al Olivo, Cebiches con Siyau y Mostaza, Pescado Relleno con Mariscos, Champiñones Japoneses o Shitake Rellenos con Kamaboko, Chita a la Sal con Salsa de Ajo y Kión, Chita al Sumiso, Chita a la Sal, Chita con ese curry japonés, el Carey...
Quién más, quien menos pegado a la ortodoxia japonesa o a la peruana, hace una extraordinaria síntesis de ambas cocinas, creando un nuevo sabor, para dar más felicidad a los humanos que el descubrimiento de un nuevo planeta en los cielos. Con el tiempo y su difusión periodística, se llamó a esta Cocina Nikkei en vez de nisei, porque Nikkei es un término más genérico que designa a toda persona o cosa descendiente de japonés, aunque sea nacida fuera del Japón.
Sazae
Debemos pues agradecer a los nikkei el habernos enseñado a comer chanque, caracol de mar, pulpo, cangrejo, pejesapo, ojo de uva, pota, coco, y haber estimulado el consumo de atún, bonito, calamar, congrio, cojinova, palabritas, chita, quitándole a la lisa el mal sabor, sacándole resonancias inéditas a la corvina y al lenguado, exaltando nuestros fabulosos camarones, sin sospechar que estaban provocando una verdadera revolución gastronómica en el seno de la venerable Cocina Criolla.
Cebichería Barranco
También conocido como "La Gringa", pues es dirigido por la guisandera de origen suizo...
El Pisco Sauer
No podía ser otra copa que un Pisco Sauer, cuyo día se celebró el 1 de marzo...