Se suele decir que del amor al odio hay un paso y del amor a la amistad, un abismo. Pero no tiene por qué ser siempre así. Conseguir ser buenos amigos de nuestra antiguas parejas no es misión imposible, de hecho, muchos han conseguido funcionar mejor como amigos que como amantes.
Todo dependerá de los cimientos sobre los que se construyó la relación, el modo de ruptura y la madurez de ambos. El tiempo será el gran aliado.
Antes de amantes, amigos
Si antes de ser amantes fueron amigos, tienen el 95% del camino andado para conseguir que la amistad previa al encuentro físico, se mantenga. Quizá no con raíces tan profundas como al inicio, ya que cualquier ruptura siempre consigue dañar los cimientos de la relación, pero, al menos pueden cruzar por la calle sin hacerse los disimulados.
Muchos psicólogos intentan desentrañar las reglas que aplicamos para comunicarnos con nuestra pareja y aquellas que utilizamos con los amigos. No se sabe muy bien por qué, pero son diferentes.
Tiempo al tiempo
Pretender pasar del amor a la amistad en un solo día es un grave error. En una ruptura siempre hay dolor, más si cabe cuando la decisión se ha tomado de forma unilateral. Las llamadas sin descanso sólo pueden agobiar y confundir.
"Lo mejor es aplicar la estrategia del alejamiento, para poder volver a acercar posiciones”, comenta Alicia, quien después de romper con su novio vivió una situación de acoso y derribo por parte de éste. “Al principio sentía lástima, pero su insistencia me provocó rechazo, por lo que no respondía a las llamadas ni mensajes. Ahora, he vuelto a retomar el contacto. Él está más relajado, ha rehecho su vida, y es el momento de retomar nuestra amistad. Ahora sabemos que siempre podremos contar el uno con el otro.”
Es el periodo de adaptación que toda pareja necesita para entender que ya no son tal. Y es que el tiempo es el mejor aliado para conseguir pasar del amor a la amistad, si existe buena intención por ambas partes. Es decir, siempre y cuando la separación no haya sido tan traumática que haya conseguido anular cualquier sentimiento de amor o afecto.
Si alguna de las dos partes ha quedado excesivamente dañada, ni todo el tiempo del mundo logrará que se vuelvan a reencontrar como amigos.
Ni contigo ni sin ti
Uno de los aspectos que más nos cuesta superar cuando se produce una ruptura de pareja, es asumir que la otra parte pueda disfrutar de la intimidad y del sexo con otras personas. El sentido de la posesión tarda más en desaparecer que el amor.
La cosa se complica aún más cuando se sigue teniendo sexo ocasional con la ex pareja. Cuando se acaba de forma ‘amistosa’, y hasta que se inicia una nueva relación, es habitual tener sexo con tu antigua pareja. Una vez se nos cruzan nuevas personas en nuestro camino, nos hacen perder el interés por el ex.
Sin lugar a dudas, decidir ser amigo del ex nunca resulta fácil, aunque cuando se consigue plenamente, es muy gratificante.
Vivir sin la sombra del 'ex'
Hay muchas chicas que cuando se separan prefieren romper cualquier tipo de relación con el ex. En muchas ocasiones el motivo está basado en una relación tumultuosa, con traiciones, infidelidades o maltrato, algo totalmente comprensible.
En otras ocasiones es por simple orgullo. “Me dejó por otra y ese es motivo suficiente para no querer saber nada de él”. Esta es una afirmación muy común, y la razón de ello es puro resentimiento, teniendo como único resultado vivir con esa sensación de traición y de sombra.