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Si bien en algunos países tienen cierto grado de dulzura -ello depende de la cantidad de carbohidratos que contienen,- los limones que se producen a este lado del planeta tienen una predominancia en los ácidos antes que los azúcares, por eso tienen ese sabor tan especial.
Propiedades terapéuticas
El poder terapéutico del limón es muy amplio y ha sido reconocido desde hace mucho tiempo.
Ya en el siglo XVII eran considerados digestivos y purificadores de la sangre. No obstante, alcanzaron mayor reconocimiento cuando en el siglo XVIII, ayudaron a combatir la enfermedad del escorbuto en la flota británica, y en el siglo XX, cuando Linus Pauling, fue galardonado con el premio Nobel al describir su gran poder para prevenir y tratar los resfriados.
Desde ahí se han comprobado sus positivos efectos sobre las afecciones de las vías respiratorias, pulmonías, gripe, bronquitis, pleuresías, inflamaciones de la garganta, afonía y amigdalitis.
A nivel cardiovascular, el limón ejerce una acción beneficiosa en casos de arteriosclerosis e hipertensión arterial, debido a que los ácidos cítricos ayudan a oxidar y eliminar las grasas que obstaculizan el trabajo del corazón y son un gran disolvente de las sustancias tóxicas del plasma sanguíneo. Para todos estos casos, se recomienda beber el jugo de un limón en ayunas mezclado en medio vaso de agua.
De otro lado, el limón es el miembro con más propiedades antisépticas de toda la familia de los cítricos. Es capaz de desinfectar la piel y destruir las bacterias nocivas para la salud. Según pruebas de laboratorio, los microbios más resistentes mueren rápidamente si se les coloca tan solo una gota de limón.
Al contener bioflavonoides, se recomienda el limón para tratar problemas de várices y flagilidad capilar. Además alivia los síntomas premenstruales y el insomnio.
Este fruto también es muy beneficioso en enfermedades intestinales como casos de intoxicación por errores de alimentación, incorrectas combinaciones alimentarias, consumo de alimentos en mal estado, proteínas en descomposición, digestiones pesadas, diarreas, hemorragias intestinales, colitis y malestares del hígado y la vesícula biliar.
Con el limón se normalizan las funciones alteradas, se neutralizan las toxinas y ayudan a su eliminación, reforzando de este modo la función antitóxica y protectora del hígado; además de activar la secreción biliar.
Por sus propiedades refrescantes, antisépticas, diuréticas y su contenido en vitamina C, el limón está indicado en casos de fiebre ya que ayuda a oxidar y excretar los materiales tóxicos que no han sido debidamente neutralizados y eliminados.
Es decir, ayuda a corregir la causa de las fiebres en general, con excepción de aquellas que tienen un origen traumático.
Asimismo, resulta muy útil en casos de sobrepeso pues reduce la grasa. Previene la formación de cálculos y, si ya han aparecido, puede disolverlos lentamente sin ningún problema.
Tiene una acción efectiva en ciertas enfermedades genitales de la mujer, como el flujo blanco, inflamaciones de la matriz y de los ovarios y fibromas.
Finalmente su jugo de aconseja para tratar problemas reumáticos, ya que disuelve las toxinas y los cristales que causan la gota, otorgando mayor movilidad al enfermo.
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