 |


|
 |
|
 |
|
 |
|
|
|
 |
 |
 |
Sexualidad: de la niñez a la adolescencia
La niñez y la adolescencia son, quizás, las etapas más difíciles que tenemos que afrontar; el despertar sexual, la rebeldía sin causa aparente y la incertidumbre del mañana, acompañan a estas complicadas etapas.
|
 |
|
|
La sexualidad se manifiesta en cada uno de nosotros, desde el nacimiento; este postulado parte de la premisa que alguna vez fuimos animales, y por lo tanto, la sexualidad nos es inerte.
Es absurdo pensar en una niñez aislada de sexualidad; el niño, recién nacido, experimenta su sexualidad en diferentes momentos, prueba de ello es la reacción que genera su pequeño pene al ser tocado por la madre: muestra una leve erección.
Nuestra ascendencia animal nos indica que es ridículo no pensar que nacemos con sexualidad, por otro lado, nuestras creencias, temores y conservadurismos nos escandalizan al momento de asociar sexualidad con niñez.
El niño empieza a darse cuenta que es agradable para él que lo toquen, que la madre acaricie su piel. Esta estimulación sirve para tres cosas; primero, para erotizar su suave piel; segundo, para saber donde terminamos, está comprobado que las personas que tienen sobrepeso es porque, probablemente, no ha tenido una madre que las haya apretado mucho, porque el niño cuando nace no sabe dónde termina, hasta dónde llega su cuerpo; tercero, para asociar que son tocados por amor y con afecto.
Otro punto de relativo escándalo es el de la madre y su sexualidad frente al hijo, puesto que la madre también tiene de animal, siente placer cuando el hijo le mama.
Entonces tenemos a un niño con sexualidad, ¿Y qué sucede cuando este niño crece? Sucede que termina por enamorarse de la única mujer que conoce, de la única hembra que vive en casa y que le ha dado el placer de mamar, la madre. Y cuando hay ausencia de la madre en el hogar, el niño no se enamora pero vive odiándola, porque nadie odia más que un abandonado.
El niño ve al padre como la pareja de la madre y lo tolera, pero los problemas se intensifican cuando, por ejemplo, no hay padre, el niño cree en verdad que la madre es su pareja, que le pertenece, y cuando llega el padrastro en la adolescencia se desata una crisis terrible al interior del niño y la familia.
Si en la infancia se experimenta frustraciones o angustias, lo más probable es que, cuando ése niño sea adulto, elija una pareja para perpetuar esas angustias, porque el inconsciente sufrió y quiere seguir sufriendo: el que ha sido frustrado en la infancia quiere seguir frustrado, entonces buscará una persona que lo frustre, que no haga el amor con él ,que lo haga llorar constantemente, es decir, para seguir viviendo en la niñez con el pretexto que ahora no lo perturban sus padres sino la pareja.
O peor aún, hay personas que se han quedado fijadas al padre o la madre y están esperando que los ame y que los quieran, pero cuando estos no están se han quedado como estatuas, completamente reprimidas y solas, y entonces se preguntan, ¿sexo, para qué?
Lo que ocurre, es que en la infancia cuando no nos ha tocado el padre o la madre con afecto, en nuestra piel ocurren dos cosas -con mayor intensidad en los adolescentes-, o nos desesperamos de ser tocados por cualquier persona o de lo contrario no queremos que nadie nos toque.
Siendo, entonces, la infancia muy importante, depende mucho cómo haya sido ésta y su relación frente a los padres, para saber si uno llega a la adolescencia por un camino correcto o equivocado.
La persona que ha madurado sexualmente, no buscará pareja tan sólo para satisfacer y descargar sus impulsos o estará en la búsqueda de abrazos sólo porque en su infancia no la abrazaron. Siendo, la madurez, la clave de un futuro sano y armónico.
Hay que disfrutar la sexualidad para conocerse, para conocer a la otra persona y para intercambiar afectos, las relaciones sexuales no son únicamente para tener hijos, la sexualidad es para disfrutar, de mi cuerpo, del cuerpo de la pareja, del alma de ambos.
Buscar la madurez en la adolescencia
No se puede hablar de sexualidad en los adolescentes sin antes hablar de la sexualidad de los padres, porque todos hemos pasado por la adolescencia y muchas veces esta etapa no ha sido superada y se quedó dentro de nosotros.
Cuando no se ha vivido óptimamente una etapa de nuestra vida, la arrastramos como una fijación a lo largo de nuestra existencia; hay personas que recuerdan su adolescencia, como si no hubiese existido; otros, se quedan adolescentes.
Tenemos que madurar emocionalmente para después hacer que ese adolescente madure y controle sus impulsos, no sólo al momento de tener relaciones sexuales, sino en cada una de las acciones de su vida.
Ayudar en la autoestima del adolescente, que aprenda a estimarse; es la etapa más difícil, el adolescente quiere demostrar su autoridad, su rebeldía, debemos ayudar conversándole, asintiendo a lo que dice pero mostrándole que nos duele mucho su comportamiento, que su actitud es errónea, con amor, por supuesto.
El saber valorarse y estimarse, logrará que el adolescente madure, que acepte su sexualidad sin tabúes y que pueda disfrutarla al máximo con una buena pareja.
Hay que reflexionar sobre la sexualidad sin ningún tipo de tabúes, porque en esta sociedad nos han enseñado que el sexo es malo, hay que disfrutar con esa persona buena, que nos respeta, con la que compartes un buen espacio, de disfrute.
La intimidad es fundamental en la adolescencia, los padres deben darles espacio a sus hijos, deben tener capacidad de cambio, el hogar no puede ser el mismo si hay un adolescente; no hay que presionar, es importante el entendimiento, pues no hay que permitir que nuestros hijos cometan los mismos errores que nosotros.
En la adolescencia se afrontan dos grandes dramas, el primero en torno a los cambios físicos, del cuerpo. La aparición de vellos en el cuerpo, los cambios hormonales, todo es una incertidumbre en torno al cuerpo. El segundo drama es la sexualidad, sobre si uno es mujer, es hombre u homosexual. Ésta es una duda constante entre los adolescentes, lo que deberían saber y que muchos padres no dicen, es que esta duda la tenemos todos los adultos, junto con el miedo de si estamos o no locos.
Cuando una madre ha sido equilibrada y el padre medianamente acertado las dudas sobre la sexualidad disminuyen. De lo contrario surgen diversas dudas en cuanto a la sexualidad, por ejemplo, cuando en un hogar la ausencia del padre ha sido sentida por el hijo varón, un abrazo un beso, ese hijo cuando crezca, buscará afecto de una figura masculina, ser tocado de alguna forma sin tener que llegar a la intimidad o afirmando realmente que se es homosexual.
Lo mismo ocurre en el caso de homosexualidad en mujeres, el lesbianismo, que, por falta de afecto de la madre, lo busca en otra mujer.
Esto no quiere decir que sean homosexuales pero si que, por falta de afecto en la niñez, se busca una compensación en la adultez.
Las hijas, cuando ven que la madre prefiere al varón, piensan que no valen nada y renuncian a su condición de mujeres, porque ya no quieren serlo, es por eso que se ven a mujeres que buscan mujeres tan sólo para que las acaricien, es una respuesta a la rabia que sienten, porque creen que no tuvieron madre.
No se está insinuando que, cuando un joven llegue a la adolescencia y haga homosexualidad, sea un enfermo. Sino que ha tomado el camino más doloroso porque ha tenido miedo a seguir el camino más sencillo.
Así, es en el hogar, y especialmente en la niñez, es donde se puede lograr que la adolescencia y la mayoría de sus conflictos se aminoren.
Lo único que les queda a los padres es acompañarlos y quitarse la idea trastornada que todo va a ser como antes. Se recomienda disfrutar de la sexualidad, y si no se ha disfrutado aún, nunca es tarde, lo importante es saber si hay un problema y buscar la forma de corregirlo.
Consejos
Mantener una buena comunicación con los hijos, saber qué es lo que los inquieta, sus deseos y costumbres.
Recordar que, aunque no se llegará a tener una íntima amistad, siempre hay que hacerles saber que estamos para apoyarlos.
Comprensión, no escandalizarnos con sus actos, mantener la compostura y recordar que fuimos alguna vez jóvenes.
Darles amor, es importantísimo, amarlos pero sin llegar a asfixiarlos.
|
|
 |
|
|
 |