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Micro minerales: los pequeños gigantes de la salud

Se necesitan en poca cantidad pero son vitales para la salud. Su deficiencia se relaciona con diversas dolencias, entre ellas, el cáncer. Por eso, es fundamental asegurarnos de su presencia en la dieta.
Se les conoce también como oligoelementos, elementos traza o micro elementos y desempeñan un papel vital en el organismo.

Unidos a ciertas proteínas intervienen en prácticamente todas las funciones corporales: crecimiento, inmunidad, desarrollo sexual y reproducción, metabolismo energético, regulación hormonal, cicatrización, transporte de oxigeno, protección contra los radicales libres, actividad sensorial (vista, olfato, gusto), formación de neurotransmisores y procesos de eliminación de sustancias tóxicas y de desecho, etc.

Su proporción en el organismo determina la salud y la enfermedad.

Exceptuando el hierro y el yodo, los oligoelementos se conocen desde hace 25 años. Las investigaciones actuales se centran, sobre todo, en aquellos minerales que desempeñan un papel de defensa frente a los radicales libres, implicados en los procesos de deterioro y envejecimiento celular.

Este es el caso del selenio, el zinc, el manganeso, el cobre y el hierro. Estos oligoelementos intervienen –en combinación con proteínas específicas- en reacciones clave para defender el organismo de sustancias agresoras que atacan a proteínas, lípidos de membrana y ácidos nucleicos.

Para muchos especialistas que defienden la llamada teoría radical, la carencia de determinados oligoelementos es el origen de un buen número de enfermedades.

Los más esenciales

El gripo de los oligoelementos no es un grupo cerrado. Hasta el momento el Food and Nutrition Board de los Estados Unidos sólo propone recomendaciones para nueve de ellos: hierro (Fe), zinc (Zn), yodo (I), selenio (Se), cobre (Cu), manganeso (Mn), cromo (Cr), flúor (F) y molibdeno (Mo).

Algunos oligoelementos como el cobalto (Co) que tiene como única función conocida el formar parte de la vitamina B12, por ello rara vez se le tiene en cuenta separado de ésta y el silicio (Si), se consideran esenciales pero aún no se recomienda una cantidad mínima diaria ya que no se han reportado casos de deficiencia en humanos.

El vanadio, el níquel, el rubidio, el boro, el estaño y el litio son oligoelementos cuya esencialidad todavía se discute a pesar de las múltiples investigaciones que existen al respecto. Pero sí se conocen bien las nefastas consecuencias que tiene la carencia de yodo y zinc.

Dónde encontrarlos

Los oligoelementos se encuentran repartidos en forma desigual en diferentes alimentos y no hay ninguno que por sí solo pueda proporcionarnos las cantidades necesarias.

La única forma de saber en cuáles y en qué cantidades se encuentran es consultando las tablas de composición.

Pero hay que tener presente que los datos de la mismas son aproximados y que, no todo el mundo asimila los oligoelementos de la misma manera, puesto que intervienen las sustancias presentes durante el proceso de transformación en los intestinos.

En este sentido, los especialistas proponen casi únicamente que con una dieta que cubra las necesidades energéticas y proteicas y que sea variada, es muy probable que se cubra también las necesidades mínimas de estos minerales.

Deficiencias frecuentes

Nadie duda que la deficiencia de estos nutrientes se ha generalizado entre la población actual debido a varios fenómenos: menor ingesta de alimentos, agotamiento de los sueldos, excesiva manipulación de los alimentos, desacertadas elecciones alimentarias, dietas restrictivas, entre otros.

Añadiéndose a ello, la realidad de que existen situaciones en las que aumentan las necesidades. Así, se consideran grupos de riesgo los niños, los adolescentes, las mujeres embarazadas, las madres lactantes, los deportistas y, de manera especial, los ancianos.

Por supuesto que los enfermos, sobretodo los crónicos, son más propensos a sufrir deficiencias. Darnos cuenta de que sufrimos la carencia de uno u otro oligoelemento no es fácil.

No obstante, primero disminuyen las reservas y luego resultan afectadas determinadas funciones celulares sin que apreciemos ningún síntoma. La prueba más evidente sería darle una revisión a nuestra dieta y nuestro estilo de vida.

¿Debemos optar por la suplementación?

De un tiempo a esta parte los suplementos se han puesto muy de moda, pero ¿son en realidad necesarios? Si la dieta es restrictiva, monótona, desordenada, con pocos líquidos y alimentos frescos, es decir, desequilibrada; probablemente sí.

Los suplementos pueden solucionar un problema concreto, pero generalmente la situación se arregla modificando los hábitos alimentarios.

En ningún caso deben utilizarse para compensar dietas mal planificadas y seguir alimentándose incorrectamente. Sin embargo, es fundamental que sea un profesional quien recomiende qué suplementos tomar, pues se ha demostrado que el exceso de un oligoelemento puede resultar tóxico o impedir la normal absorción de otros.
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