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Miguel Indurain |
Hitos de su carrera |


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A Profesionales
En 1985 Indurain da el salto al ciclismo de paga, fichado por el Reynolds. Como es normal, resiente el cambio de división y los éxitos, aunque existen, son más difíciles y aislados. La prueba de fuego para todo profesional, el Tour de Francia, no le sienta bien en sus primeras apariciones: abandonos en 1985 y 86; lugar 97 en 87, 47 en 88, 17 en 89, décimo en 90: años de fiel escolta de Pedro Delgado.
En los siguientes cinco años el Tour lo proyectaría al lugar que hoy ocupa entre los consagrados del ciclismo mundial como Jacques Anquetil, Eddy Merckx y Bernard Hinault, todos ellos pentacampeones de la Ronda Gala. "No quiero cambiar", dijo en su momento Indurain, "me gusta cómo soy, he llegado muy alto y estoy a gusto con mi vida, pero nunca me he sentido superior a nadie". Su humildad bajo la aureola de la victoria y su altivez en la derrota dejaron huella en el pelotón internacional. "De jovencito tenía un ídolo", mencionó alguna vez Indurain, "era Bernard Hinault, el que más me impresionó, era el que estaba de moda cuando yo empezaba, luego lo he visto de cerca y era un fuera de serie".
Se inicia el reinado
Ya desde 1990 Indurain empieza a pasar lista de presente en el panorama internacional. Para el Banesto se adjudica algunas pruebas de prestigio, pero más importante es su segunda victoria parcial en el Tour de Francia y el décimo puesto general en esta justa. Sin embargo, hecho sobresaliente fue que Indurain, estando en la escapada clave y con el virtual suéter amarillo a dos días para el final del Tour, se ve en la necesidad de ceder en favor de su jefe de filas, Pedro Delgado. "Perico ha sido uno de los grandes ciclistas españoles de todos los tiempos", comentaba Indurain, "junto a él he aprendido muchas cosas, él me sirvió de espejo para que yo fuera adquiriendo experiencia".
Tras las dos victorias consecutivas del estadounidense Greg Lemond en 89 y 90, 91 fue el primer año victorioso de Indurain y a falta de talentos que pudiesen llegar a ídolos, muchos pensaron que había nacido una estrella. "¿Coppi, Anquetil, Merckx, Hinault?", se preguntaba Indurain, "estamos hablando de montruos sagrados de este deporte, yo no puedo compararme a ellos. Yo, por el momento, sólo quiero ser Indurain".
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