Miguel Indurain Hitos de su carrera




El español empieza a practicar el ciclismo como un pasatiempo y hasta ahora es el único pedalista en ganar cinco Tour de Francia.

Su porte sobre su jaca de acero, su fortaleza indomable y el respeto que siempre manifestó por adversarios y público, hicieron del español Miguel Indurain un verdadero Quijote del ciclismo. Sus hazañas de los 90 sobre carreteras de todo el mundo, época en que lo ganó prácticamente todo, lo convierten sin duda en un ícono del Siglo 20.

Su poderosa condición atlética y la táctica brillante con la que enfrentaba a sus rivales, le dieron como resultado ganar una infinidad de títulos en singles y dobles por igual.


El premio: un refresco

Siendo niño, Indurain llegó a Pamplona procedente de su natal Villava para continuar sus estudios básicos. Como el cambio no fue de su agrado, el pequeño Indurain protestó el hecho, canalizando sus energías hacia el deporte. Hizo de esquiador, de lanzador de jabalina y bala, saltó longitud, fue garrochista, pero también ciclista, ingresando al Club de Villava en 1976.

Indurain nació en 16 de julio de 1964 en Villava, Navarra y desde los 9 años dio sus primeros pedalazos en compañía de sus hermanos Prudencio, Isabel y María. A los 12 años, en el vecino pueblo de Elizondo, Indurain ganó su primera carrera, la segunda en que tomaba parte, y su premio fue un panecillo con refresco.

Ya desde esos años Indurain empezó a sentir la carga de responder a un equipo, como en sus años de profesional sucedió mucho tiempo. Su modesto equipo de chaval no tenía para darse lujos y en una ocasión los entrenadores pidieron permiso a Miguel Indurain padre para que dejara a su hijo competir en una localidad cercana. La duda que invadía a papá Induráin era dónde dormirían los noveles pedalistas, y además qué comerían si no llevaban dinero. La respuesta la tuvo uno de los entrenadores: todo se solventaría con el premio de primer lugar que obtendría el prometedor Indurain. Y así sucedió.

La joven promesa siguió ganando y haciéndose de un nombre en el ámbito aficionado de España, hasta que se consolida como un verdadero portento en 1983, año en que consigue los campeonatos de Navarra y España. "Nunca pensé en que iba a dedicarme al ciclismo profesional", diría en alguna ocasión el pentacampeón del Tour de Francia, "empecé en esto como un pasatiempo, las cosas me iban bien. "Hasta que llegué a Aficionados comencé a plantearme si iba o no a ganarme la vida encima de una bicicleta. Tenía 18 años y muchas dudas en mi cabeza".

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