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Veinte años después, Spitz fue considerado el más grande nadador olímpico, fue una celebridad ideal, un héroe estadounidense "que por casualidad parecía una cruza entre Omar Shariff y el hombre de Marlboro". En 1992, cuando estaba contemplando regresar para Barcelona 92, Spitz recordó esos años como si fueran un sueño."De niño, terminé en el deporte de la natación por ósmosis", dijo al periódico Washington Post. "Estuve en un equipo, mejoré, me perfeccioné, me hice fabuloso, luego logré récords mundiales. Nunca tuve la oportunidad de sentarme a reflexionar: ¿qué estaría haciendo si no estuviera haciendo esto?".
Un talento natural
Spitz nunca reflexionó sobre su talento porque llegó casi de manera natural; nacido el 10 de febrero de 1950, en Modesto, California, comenzó a nadar en competencias a la edad de 8 años.
Pasaron los siguientes 10 años, él estuvo vagando por el norte de California en busca de clubes de natación de altos vuelos donde pudiera pulir sus habilidades. Después continuó nadando en la Universidad de Indiana y rápidamente ganó reputación nacional, aunque calladamente aseguraba que quería estudiar para ser dentista.
Ron Ballatore, entrenador de natación en la Universidad de California en Los Angeles, recuerda que como una joven esperanza olímpica Spitz mostró un potencial tremendo. Podía engañar a sus entrenadores nadando mucho más rápido en los entrenamientos que en la práctica, tuvo los mejores resultados en pruebas que cualquier otro nadador estadounidense en eficiencia de brazada y sus manos y piernas trabajaban perfectamente.
Su éxito fue uno de los mejores momentos de Estados Unidos en la historia de las Olimpiadas."
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Traducción: El Norte/Ma. de Jesús Pérez |
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