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Sangre de campeón
El destino quiso que Dibiasi naciera en Solbad Hall, Australia, un 6 de octubre de 1947. Su paso a los clavados puede considerarse lo lógico, ya que su padre Carlo había sido campeón nacional de Italia de 1933 al 36. Siempre bajo el mando de su progenitor, desde joven Dibiasi fue moldeando el estilo y la técnica que lo caracterizaron, y adquirió también el temple necesario para la práctica de tan temeraria disciplina.
La supermacía
La capacidad de Dibiasi no sólo se manifestaba por la obtención del oro, sino también por la gran diferencia en puntos que alcanzaba sobre sus rivales. En México 68, el italiano vence con poco más de 10 puntos al mexicano Alvaro Gaxiola; en Munich 72 se impone nuevamente, ahora con casi 24 puntos, sobre el estadounidense Richard Rydze.
En Montreal 76 Dibiasi tuvo que emplearse más a fondo. Si quería su tercer título consecutivo debía arriesgar con todo. La principal causa de esta presión la representaba un nuevo talento, que como él 12 años atrás, aspiraba a abrirse un camino en los clavados: Greg Louganis, de Estados Unidos. A pesar de la presión, Dibiasi consiguió su tercer título olímpico en la plataforma, y otra vez con un margen más que cómodo: 23 puntos sobre su más cercano perseguidor, Louganis.
El trampolín no era su fuerte. Sin embargo, Dibiasi consiguió una medalla de plata en Juegos Olímpicos, que fueron los de México 68. Así entró Dibiasi al selecto círculo de los clavados, ese que ahora forman Samuel Lee, Joaquín Capilla y Greg Louganis.
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Juan Ramón Piña/El Norte |
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