Sábado, 10 de Mayo de 2008
El día que el fútbol acabó con el ritual de los Fernández
Este domingo, cuando doña Carla Valverde abra los ojos, su pequeño ‘gigante’ no estará sentado al borde de la cama recitándole el poema con el que religiosamente la despierta todos los Días de la Madre.
Fernández y su mamá
Terra
Alabando a Dios
Terra
Gajes del oficio: Portero crema viajó a Huaraz para jugar este domingo con Sport Áncash y no podrá regalarle un beso a su madre en su día.
* BLOG: EXPRESA AQUÍ TU SALUDO POR EL DÍA DE LA MADRE
“Va a ser la primera vez que Raulito no esté en casa. Antes no alternaba en el primer equipo de la ‘U’, por eso nunca le tocó jugar en provincia durante esta fecha. No quiero ni pensar cómo pasaré el día sin él”, confiesa apenada la mamá del portero crema, figura estelar del puntero del Apertura, que mañana, bajo el inclemente frío huaracino, se calzará los guantes para evitar los goles que a la distancia podrían apenar, aún más, a la autora de sus días.
Raúl viaja rumbo a Huaraz con la delegación de Universitario para enfrentar el domingo (3:30 pm.) al Sport Áncash en el Rosas Pampa. Su equipo es líder del torneo y firme candidato al título. Eso en casa de los Fernández es motivo de celebración cada domingo. Pero esta tarde antes de su partida, toda la familia, incluido él, admiten que mañana hubiesen preferido apagar el televisor, y olvidarse del fútbol durante 24 horas.
“Qué se le va hacer. Alguna vez me tenía que pasar. La ADFP programó el partido así. Son gajes del oficio”. El ‘1’ crema deja a un lado la resignación, y empieza a elaborar, junto a su madre, un breve inventario de los regalos que año tras año ella ha recibido.
“Cuando era pequeño solía regalarme los trabajos manuales que hacía en el colegio. Luego cuando empezó a ganar su platita, los regalos fueron cambiando: una waflera, un horno microondas, un juego de sala. Todos los he recibido acompañados de una estrofita que es prácticamente un ritual de esta fecha”. Doña Carla hace un gesto entre sonrisas, y Raúl alista el verso con un rosa que acaba de robar del florero.
“Madre, cuando recojas con tu frente mi beso todos los labios rojos, que en mi boca pecaron huirán como sombras cuando se hace la luz.
Madre, tus manos tristes como aves moribundas ¡Déjame que las bese! Tanto, tanto han rezado, por mis locos errores y mis vanas pasiones.
Y por último, Madre, deja que me arrodille, y sobre tu regazo, coloque mi cabeza. Y dime: ¡Hijo de mi alma!, para llorar contigo”.
El abrazo es espontáneo y los besos no tardan en llegar. El efecto hipnotizador del poema no ha perdido vigencia. Ambos siguen acurrucados sobre el sofá, intercambiando caricias de madre e hijo. Doña Carla se incorpora, y rompe el instante para revelar que si de rituales se trata, ella retribuye semanalmente el cariño de su engreído con uno muy peculiar.
Tú eres mi religión
“Todos los domingos a la hora del partido me pongo su camiseta, y le pido al Señor que esté de su lado, para que sea la luz entre tanta oscuridad. Este domingo nos vamos a reunir en casa de mi madre, porque, además de nuestro día, vamos a festejar su cumpleaños. Así que la hinchada va a ser numerosa”, apunta Doña Carla, poniendo énfasis en el sentido religioso de su pedido. Porque si hay algo que ella le ha inculcado a su hijo desde la adolescencia, es la absoluta devoción al Todopoderoso.
“Nosotros pertenecemos al Movimiento Misionero Mundial, y vamos a la iglesia todos los jueves y domingos, después del fútbol. Cuando Raúl tenía 15 años, le dije que haga ‘negocios’ con el Señor, pues su vida prosperaría de esa manera. Hoy, después de varios años de entrega, el Señor lo ha sabido recompensar. Ahora todos vivimos pendientes de lo que él hace”.
Raúl interrumpe sus palabras y arremete con algo prometedor. “La primera llamada la vas a recibir a las 9 de la mañana. Te voy a traer los tres puntos de regalo. Aunque tú sabes que el regalo mayor te lo daré al final del Apertura”, promete el joven portero, en obvia alusión al título del torneo.
Doña Carla abraza a su hijo casi en señal de despedida, y le suelta una frase con olor a prédica: "Acuérdate que Dios al humilde lo levanta y al altivo lo mira de lejos. Dios da, pero también quita”. Está claro que lo único que ella pide para mañana, es escuchar el poema mientras todavía retoza en su cama.
Terra