 Nota insólita - 08/10/2003-19:01
Joven surfista ciego se enfrenta a las olas australianas
El surfista ciego Nathan Johnston dice que se enfrenta a las olas tan sólo por diversión.
En Stanwell Park, una pintoresca localidad ubicada a unos 20 kilómetros al sur de Sidney, Nathan está aprendiendo el deporte de la tabla hawaiana. Pero el joven de 18 años no considera que que practicar esa afición sin el don de la vista sea una demostración de valentía personal.
"Es algo que he querido hacer desde hacía un tiempo", dice Nathan sentado en un banco de la playa de Stanwell Park. "Me gusta mucho correr por dentro y a través de una ola, es una gran diversión".
Nathan comenzó a perder la visión cuando tenía 11 años, a raíz de una alteración genética llamada retinitis pigmentosa. A pesar de no ser totalmente ciego, su visión frontal es de menos del 5%, y su visión periférica es nula.
En un día despejado, Nathan puede identificar una ola como una sombra oscura en medio del paisaje claro, iluminado por el sol. Su sentido del oído, que se ha desarrollado más desde que comenzó a perder la vista, le advierte que viene una ola.
Hace dos años decidió que quería navegar las olas en su tabla hawaiana y poco pudieron hacer los que le indicaron que era peligroso. "Cuando se le mete una idea en la cabeza, nada lo detiene", explica la madre del joven, Sandra. "De cualquier manera, Nath hace lo que quiere".
Cuando Wayne, el padre de Nathan y también surfista, se enteró de los planes de su hijo, se mostró muy cauteloso. "Nathan no se puede balancear, no puede ver, cómo va a surfear", recuerda haber dicho en ese entonces. Su hijo le mostró que se equivocaba.
Pero no sólo sus padres se preocupaban por la nueva afición de Nathan. Peter y Fiona Hunt, que son instructores de la escuela de surf de Stanwell Park, tenían miedo de llevar a un ciego a que se enfrentara a las olas.
"Fuimos aprendiendo pequeños trucos. La primera cosa que descubrimos es que el viento es importante. Él utiliza el viento para orientarse", dijo Peter.
Casi todos los sábados por la mañana, Nathan va a la playa con Peter. Ambos enceran sus tablas y realizan ejercicios de calentamiento. Tras ese ritual surfista, Peter agarra a Nathan de la mano y se lo lleva a la orilla de la playa. "Bueno, Nathan, el viento viene del noroeste, estás frente al agua y a tu espalda está la arena", dice Peter.
Nathan gira su cabeza hacia la izquierda, luego la derecha, siente la brisa y oye como la explosión de las olas contra el agua. A continuación, ambos avanzan hacia el agua. "El secreto está en oír, sobre todo en oír, aunque también es sentir", dice Nathan. Y también lo es la confianza que siente por sus instructores.
AP
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