La restauración fue presentada hoy en el
Vaticano por el presidente del Gobernatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano,
Cardenal Giovanni Lajolo, y el director de los Museos Vaticano,
Antonio Paolucci. Ellos precisaron que el Papa
Benedicto XVI la inaugurará el 4 de julio.
La Capilla Paulina, lugar de culto (en la que se expone el Santísimo Sacramento) y reservada al Papa y la familia Pontificia, fue encargada por el Papa Pablo III Farnese (1534-1549) a Antonio de Sangallo, que la comenzó en 1537,
Miguel Ángel fue el encargado de los frescos sobre la "Conversión de Saulo", que comenzó a pintarse en 1542, y de la "Crucifixión de San Pedro", iniciado tres años más tarde, para concluir el conjunto en 1550.
Ubicada a pocos pasos de la Capilla Sixtina, la restauración ha sido dirigida por el historiador de arte Arnold Nesselrat y realizada por el equipo de restauradores de los Museos Vaticanos, que dirige Maurizio De Luca.
Los trabajos han costado 3 millones de euros (4,2 millones de dólares) y han permitido devolver la luminosidad a los colores elegidos por Miguel Ángel y descubrir a los restauradores las pinceladas del artista toscano.
En aquellos años y a pesar de su mala salud, Miguel Ángel estaba cargado de trabajo, pues acababa de pintar el Juicio Final en la Capilla Sixtina y se encargaba del proyecto de la cúpula de la basílica de San Pedro.
Paolucci manifestó que se ha quitado la "oscura camisa de suciedad" que la cubría, se han reavivado los colores alterados por el paso de los años y se le ha devuelto la gama cromática clara y luminosa que la caracterizaba en su origen.
Una nueva instalación eléctrica, con lámparas tipo "led" de luces blancas, resaltará las obras que encierran sus paredes, evitando sombras y cambios de color.
Paolucci dijo hoy que durante las obras de restauración analizaron la conveniencia o no de quitar los velos que habían sido pintados para ocultar los genitales de San Pedro y que no aparecían en el original.
Un velo fue pintado pocos años después de que la obra estuviera acabada y en la década de los años 30 del pasado siglo le fue colocado otro "calzoncillo" encima.
Paolucci explicó que finalmente, decidieron mantenerlos "ya que la historia no da marcha atrás".