Jueves, 03 de Enero de 2008
Estrategias para leer en verano
Los peruanos tenemos fama de malos lectores. O peor aún: de leer poco o nada. Sin embargo, en resguardo de la autoestima nacional diré que muchas de las condiciones en que nos obligan a leer (colegios, institutos, universidades o centros laborales) o donde podemos hacerlo, no son totalmente convenientes. Sobre todo para esa masa de lectores potenciales que nunca dejan de ser los jóvenes.
El Columnista
Carlos Batalla
(Lima, 1970) Egresado de literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ejerció el periodismo cultural en los diarios La República y El Peruano; profesor de periodismo, corrector de estilo e investigador literario, ha trabajado en áreas de comunicación corporativa, y actualmente es editor de la revista Testimonio.
Con la palabra “joven” estoy delimitando mi universo a los hombres y mujeres, entre 18 y 24 años; entendiendo que los mayores de 24 años (hasta los 35, aproximadamente), están en la categoría de “jóvenes maduros”, por tanto, con mayores responsabilidades y con hábitos de lectura más constantes y/o estables, ya sea para abajo (“Ni muerto leo… ¡Qué aburrido!”) o para arriba (“Leo todos los días… ¡Qué deleite!”), en cuyos casos no hay nada más que hacer. Todo está determinado.
Entonces le escribo básicamente a esos jóvenes que ya han terminado el colegio y han empezado su vida ciudadana hace poco, ya sea estudiando en cualquier tipo de institución educativa o formativa y/o trabajando, incorporándose a la masa laboral (las formas no importan para nuestro caso).
Una aclaración: no dudo de que en esa masa de jóvenes haya muchos y buenos lectores. Los hay, no son la mayoría pero existen, ellos repasan las páginas de diarios, revistas y libros como los adictos a la música se vuelven sordos con tanto MP3 en sus vidas. De esta manera, son vistos seguramente por los otros jóvenes como “bichos raros”. No obstante, ellos son los que sacan la cara por su generación.
Mi objetivo no son ellos, porque, en fin, el único problema que quizás tengan sea volverse algo miopes de tanto leer y nada más; mi objetivo verdadero, mi deseo es llegar a esa inmensa masa de jóvenes considerados “analfabetos funcionales”; esto es, aquellos que saben leer, pero no leen más que el nombre de las calles; que saben escribir, pero solo pueden firmar algún documento y aún así se equivocan en la rúbrica. A ellos va dirigida esta especie de decálogo de la lectura veraniega.
Que el solaz que genera el verano no sea para ellos un pretexto para no leer un periódico completo (de los serios, pues), un capítulo de una novela o un libro de ensayos, lo que fuera.
Aquí, las indicaciones de cómo hacerlo con cierto placer:
1. Pónganse cómodos. Ropa ligera, sayonaras o sandalias, esas franciscanas son ideales. Traten de tener una hamaca, es lo ideal; y si está colgada cerca de un jardincito, en la azotea o junto a alguna puerta o ventana, mejor.
2. Cojan un periódico o una revista, de los serios (no valen calatas ni muertitos en portada, ¿ok?). Ábranlo despacio y empiecen a leer los titulares, luego las bajadas o subtítulos, y con audacia el “lead”… El resto viene solo, uno resbala como en el tobogán.
3. Otro caso, en la misma hamaca -que puede reemplazarse por una mecedora o un sillón confortable, pero siempre en un lugar ventilado- es coger un libro, no tan gordo… No se arriesguen a arrepentirse en mitad del camino… Elijan un libro de 150 a 200 páginas… Peso ligero, nomás.
4. Con el libro elegido (no importa el autor, eso ya es gusto personal), empiecen con las páginas de créditos, de autor y toda la letra grande que puedan hallar… No se asombren, es solo para darse valor en el inicio.
5. Luego lean palabra tras palabra, párrafo tras párrafo, página tras página... Hagan pausa cada 10 minutos de lectura constante, tomen aire y sigan por 10 minutos más; estén así -en una primera etapa- hasta completar cuatro o cinco horas; digamos, toda una mañana o una tarde.
6. A propósito, pueden leer preferentemente en las mañanas o en las tardes. Ojo: apenas vean el sol ponerse en el horizonte, dejen de inmediato el libro, periódico o la revista que hayan elegido.
7. Nunca lean de noche. Eso es para expertos. Pueden sufrir un ataque de claustrofobia y colapsar. Salgan a caminar o conversen con amigos… No queremos jóvenes lectores “héroes” (llámese compulsivos), sino sanos y conscientes de su ardua tarea.
8. Empiecen a ver los sucesos o eventos del mundo como temas para una nota de periódico o revista, o como el resorte en la trama de una supuesta novela. Es una forma de sentirse involucrados con la vida y la lectura a la vez.
9. Impónganse metas asequibles, razonables y prudentes. Este verano no será muy fuerte, hay Fenómeno de la Niña y eso calmará el sopor. Habrá brisa, neblina, llovizna, eso es una ventaja para la lectura fresca.
10. Cuando terminen de leer lo que fuera que estuvieran leyendo, tómense un descanso, pero breve, no abusen (uno o dos días; un fin de semana, a lo mucho) para seguir luego con otra lectura, muy distinta a la anterior. Varíen, cambien, y escojan otro lugar donde leer. Tal vez ya no en sus casas, quizás mejor al aire libre, pero en parajes algo solitarios, por favor, donde nadie se atreva a molestarles.
Mucha suerte. El verano empieza, la lectura también.