Miércoles, 29 de Agosto de 2007
La destreza del laxo vínculo
Alonso Cueto. El susurro de la mujer ballena. Lima: Planeta, 2007.
El que está cerca de la vaca, algo mama.
Sabiduría popular

De: Alonso Cueto
El susurro de la mujer ballena
La amistad entre dos mujeres, Verónica y Rebeca, no solo desgastada por la distancia y los años, sino por un incidente del pasado, que no se nombra, es el tema de El susurro de la mujer ballena, la última novela de Alonso Cueto y con la cual ha logrado ser finalista del Premio Planeta. Verónica, columnista del área de internacionales de un periódico capitalino, foco de la narración, no quiere hablar de ese pasado que irrumpe por la presencia de Rebecca, incidental compañera de vuelo y amiga perdida de los tiempos de la escuela, pero su silencio a lo largo de la novela progresivamente permitirá la aparición de indicios dispersos en su vida cotidiana, como el agua pulverizada que flota en el aire de los pulmones de una ballena, y configurará un dato enorme pero sumergido, que de pronto emerge a la plena conciencia.
Oposición aparente, la moraleja de siempre pero¿
La molestia de Verónica por la presencia repentina de Rebecca tiene una justificación aparente: a la insistencia obsesiva de la mujer por verla, se suma la pertenencia a mundos opuestos, desde la mera apariencia, lo que facilita suponer que ningún nexo las ata más que el azar de la escuela compartida. Verónica es esbelta, bella y cortejada por los hombres, con una clara conciencia del deseo que despierta en ellos y cómo manejarlos. Rebecca, en cambio, es una mujer obesa, caracterizada de manera grotesca, rica, pero carente de una comunión gozosa con el mundo. Su gordura y su forma de alterar los ambientes que transita difieren de la elegancia de la periodista. Sin embargo, narrar la historia desde el personaje de Verónica, permite develar lo que está detrás de su apariencia de éxito. A lo largo de la novela nos enteramos de sus frustraciones: la tensa cercanía con que se relaciona con su padre, la cordial distancia con que vive con su marido, la superficialidad de los encuentros con su amante, y un amor que hace mucho tiempo terminó, pero cuyo recuerdo la persigue hasta en los momentos en que se encierra en el baño de su casa, el único lugar en que se siente alejada del mundo circundante. Tampoco consigue la comunión con su entorno y en ello se asemeja a Rebecca, ¿la mujer elefante¿, y aunque la moraleja que subtienden tales revelaciones implican el viejísimo tópico de que las apariencias engañan, es notable la disposición técnica de la información que, alternando diálogos fluidos con breves introspecciones y pasajes retrospectivos, consigue que alcancemos ese conocimiento de un modo subrepticio y hasta inesperado. Cueto consigue en El susurro de la mujer ballena un manejo de la información inteligente y ágil, siempre oportuno, nunca excesivo, minuciosamente dosificado y de acertada naturalidad.
La vida de los demás, la vida de uno
En contrapunto con el conflicto entre las dos mujeres, el entramado social aparece en la novela como un fondo laxo y continuo: nunca emerge como revelación, como agente que mortifique a alguno de los personajes. El diseño social está ahí, como preexistente a los problemas, con una mecánica que aparentemente funciona al margen de ellos, pero que de algún modo requiere de su participación. Nos referimos a la mención explícita de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, a la referencia a las industrias emergentes, a los vínculos entre estas empresas y el gobierno de Estados Unidos, etc., todos síntomas de una realidad socioeconómica que juega a desvelarse pero que, al mismo tiempo y paradójicamente, permanece al margen de la vida de los personajes. Tal condición de bajo continuo le permite a ese tejido social intencionalmente magro interpelar con sutileza dichos y hechos, proponernos escenarios que se convierten en intuitivamente significativos para el lector respecto de un mundo más amplio, del que no se cuenta pero que también resuena como susurro en todos los personajes (la reseña que Verónica tiene que hacer para la presentación de un libro sobre el TLC, presentación en la que ocurre lo inesperado)
A diferencia de La hora azul, novela en la que el personaje principal, Adrián Ormache, tiene que lidiar con un contexto histórico y social que demanda su acción al haberse mezclado con su contexto familiar, en El susurro de la mujer ballena, el contexto político, por la necesidad del argumento, adquiere una tesitura tan fina que ello añade mayor verosimilitud a la trama, historia íntima de personajes de la clase alta para quienes el orden social establecido es la mayor de las veces un mero paisaje de fondo ¿las más de las veces muy aceptable- cuya relevancia solo cobra visibilidad a ojos de terceros. Por eso, consideramos que uno de los logros más interesantes de esta novela de Cueto reside en la destreza para dominar un procedimiento que Javier Ágreda denominó laxo vínculo, una feliz expresión que denota la capacidad que tiene el libro de plantear un contexto social y, al mismo tiempo, alejarse de él (este no deviene en mero decorativismo como el que exhibe la historia peruana reciente en Puta linda de Fernando Ampuero, por ejemplo). El resultado es una historia en la que ni el contexto determina a la persona, ni las personas pueden estar plenamente libres de las relaciones que se despliegan en ese contexto. Ello potencia notablemente nuestra percepción de la verosimilitud de la procedencia social, sensibilidad y posibilidades de acción de Verónica y Rebecca
Así, en contraste con La hora azul, donde la historia política en la que se despliega la novela acapara y sobredetermina las relaciones entre los personajes ¿y donde un secreto del pasado emerge de forma idéntica¿ resulta refrescante una novela como esta, en la que Cueto se aleja de la fatalidad de la historia; pero, al mismo tiempo, no nos propone que los personajes puedan tener una vida privada al margen de los aparatos ideológicos que utiliza la sociedad (como crítica Zizek al más conocido drama íntimo de Kundera, La insoportable levedad del ser). La destreza del laxo vínculo reside en sugerir las interpelaciones sociales de las que son objeto los personajes de El susurro de la mujer ballena, mientras privilegia el develamiento de sus vidas privadas. Aunque Cueto reitere un mecanismo de intriga semejante al de su anterior libro ¿burgueses, secretos de infancia, reconocimientos- este resulta más sugerente puesto que no se aboca a proyectar un excepcional ¿y, por ello, muy difícil- modelo de reconciliación social, sino que concentra su pericia en hondar con vigor en los dramas generales de los individuos de un grupo social acomodados, que cada vez retrata mejor, y esbozar sus miedos, memorias y exorcismos, con ánimo de retratar en la anécdota única la condición humana en general. Tal vez estemos ante los intentos de un autor por volver a la narrativa de corte psicológico de sus primeras novelas; pero, sin duda, lo hace con mayor eficacia y verosimilitud, luego de sopesar las variantes que implican los horizontes políticos y económicos, que quiso explorar en La hora azul. A nuestro entender, El susurro de la mujer ballena es el mejor libro de Cueto a la fecha y un adelanto importante en su búsqueda de la plena realización estética: ha devenido con acierto en cronista de los pequeños demonios de los siempre discretos e indolentes sectores A-, B+ de nuestra siempre problemática sociedad.