Portada TERRA PERÚ > Noticias > Cultural

 

Miércoles, 11 de Julio de 2007

¿Quiénes celebran por Machu Picchu?

imprimir  enviar 

Los medios de comunicación tradicionales (prensa escrita, radio y televisión), y sobre todo la red de redes (Internet) han cumplido un papel clave en el éxito de la iniciativa de una corporación privada de promover una recategorización del concepto clásico de las "Siete Maravillas del Mundo", a través de una elección abierta por red al público del mundo. El origen antiguo se ha renovado ahora con la consagración moderna de los siete monumentos más importantes del orbe. Entre ellos, el santuario de Machu Picchu, en el Cusco, la región más turística del Perú. ¿Quiénes deben festejar verdaderamente?

El Columnista
 -

Carlos Batalla

(Lima, 1970) Egresado de literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ejerció el periodismo cultural en los diarios La República y El Peruano; profesor de periodismo, corrector de estilo e investigador literario, ha trabajado en áreas de comunicación corporativa, y actualmente es editor de la revista Testimonio.

Darwin tiene 30 años y es un taxista que conduce por las calles empedradas del Cusco desde hace cinco. Para él, esta noticia ha sido buena y mala a la vez. Me contaba su disyuntiva, mientras subía con su impetuoso ¿tico¿ hacia la fortaleza de Sacsayhuamán. Decía que los precios subirían, y que si bien habría ganancia para muchos, los visitantes nacionales, los peruanos de a pie, no tendríamos muchas posibilidades de ir o regresar a la Ciudad Imperial. Lo bueno, explicaba, es que la ciudad estaría en la mente de más personas, de potenciales turistas, y eso acabaría beneficiando a más de uno¿ él esperaba ser uno de ellos. No lo dijo, pero lo pensaba: ¿habrá una inversión controlada en el sector de servicios o, más bien, un duro monopolio que acabaría con el comercio nativo?

En el camino a Q'uenqo, una zona arqueológica aledaña a Sacsayhuamán, una guía, Dalila de 28 años, también observó con escepticismo las celebraciones de la población en la Plaza de Armas, ese sábado 7 de julio de 2007. Ella argumentó que los turistas locales tendríamos que pagar tarifas elevadas, salvo que se implementara una política de doble tarifa como en otros países. Siendo ello difícil en una economía de mercado donde ¿orgullosamente¿ nos ubicamos, Dalila indicaba, con verdadera pena, que si así se daban las cosas, los peruanos no podremos saber más de nosotros mismos. No lo dijo, pero lo pensaba: ¿tendremos que ir al extranjero para saber lo que vieron los otros, y recién allí conocer ¿vivencialmente¿ nuestro legado histórico?

Como ellos, otros muchos cusqueños, que se alegraron honestamente por el reconocimiento del público internacional a la ciudadela de Machu Picchu, creen también que falta aún mucho para celebrar realmente. La prudencia nunca sale sobrando, dicen, y añaden que si la hermosa ciudad de piedra es una ¿nueva maravilla¿, ésta debe ser protegida a través de una serie de normas de seguridad y de cuidado ecológico, ya advertida en muchos momentos, lo cual permitirá controlar los ímpetus de quienes desean ver al Cusco con una afluencia de visitantes ilimitada. Eso sí seria irresponsable, y pondría en riesgo a cualquier maravilla del mundo.

En esa misma tónica también ha declarado en Lima la directora nacional del INC, Cecilia Bákula, para quien el monumento histórico y natural que es Machu Picchu debe ser resguardado de una avalancha de turistas, admitiendo además que las tarifas de acceso al recinto serán elevadas considerablemente. Bákula ha anunciado cosas que ya los cusqueños sabían o intuían, por eso mismo se debería convocar de inmediato a técnicos y profesionales capaces para que otorguen o planteen las soluciones a corto, mediano y largo plazos.

Lo que se pudo apreciar en la capital cusqueña desde el viernes 6 de julio pasado, un día antes del anuncio esperado, fue mucha expectativa y un ambiente de festejo, es cierto; con programas de televisión en vivo y pasacalles imprevistos, pero también se pudo ver a los huelguistas del SUTEP, quienes daban vueltas y vueltas alrededor de la Plaza de Armas, como haciéndoles recordar a la gente del Cusco y de otras parte del mundo, que las maravillas nunca viene solas. Porque Machu Picchu ni el Cusco pueden ser una isla, pertenecen al Perú, un país que le duele hasta la médula superar su evidente crisis moral, política y social.

Pese a todo, tengamos fe y esperanza en que esta designación, hecha al margen de las recomendaciones técnicas de la UNESCO (lo que debería ser motivo de reflexión seria, y no tanto de festejos palaciegos u oficiales), sea un mecanismo o resorte positivo -en términos generales- para el desarrollo y progreso de la región y del país.

Que Darwin y Dalila, y nuestros amigos cusqueños duerman tranquilos, sabiendo que sus autoridades locales, regionales y nacionales tienen un sentido claro y responsable de lo que se hará tras esta designación mediática.

Soñar con un escenario ideal es un derecho. Pero hasta los sueños más hermosos tienen sus límites. Aprendamos a convivir con ellos.

imprimir  enviar